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sábado, 26 de mayo de 2012

¿Es Apocalipsis para la Iglesia?

 

 

El agradecimiento al hermano Carlos Fushan por este aporte

 

I

CRITERIOS DE INTERPRETACION



Introducción:
  A casi dos milenios de su concepción, APOCALIPSIS, el último libro de la Biblia, se yergue como el más polémico e incomprendido. A pesar de ser una revelación (1:1) continúa sellado para la mayoría de sus lectores; siendo una bienaventuranza (1:3), no parece haber alcanzado aún la plenitud de su propósito; y sus pretendidas "llaves" de interpretación han sido, bien manipuladas con propósitos hostiles, o utilizadas con laxitud por manos devotas.
 APOCALIPSIS, como un juez silente y expectante del propio juicio que emana, ha observado (¿o soportado?) a través del tiempo, no solo la insana exégesis de adversarios, sino también interpretaciones superficiales, subjetivas y fantásticas de sus amigos.
 No es por voluntad humana que se conocen las cosas divinas, y aunque APOCALIPSIS se declare a sí mismo como una revelación, la secuela de fórmulas de interpretación tan distintas y conflictivas, hechas a través del tiempo por creyentes igualmentes doctos y sinceros, arrojan dudas sobre cuál sería el tiempo oportuno de tal revelación, mostrando que la interpretación justa de APOCALIPSIS, de alguna manera, se halla confrontada con elementos que trascienden al conocimiento y capacidad del hombre.
 Sin embargo, por otra parte, cuando observamos algunos positivos resultados de interpretación logrados al final de este sexto milenio bíblico, el APOCALIPSIS permite percibir una revelación progresiva intrínseca a su Texto que depende de, y se manifiesta por la madurez de los tiempos. Tal como el ángel dícele al apostol Juan: "No selles las palabras de la profecía de este libro porque el tiempo está cerca" (22:10).
 Y es verdad que el conocimiento del postrer Libro se ha visto acrecentado en este último tiempo, pues se puede observar cómo los cuasi obscuros enfoques con que los Reformadores veían la profecía apocalíptica (Calvino mismo reconoció no entenderla), se han visto progresivamente modificados hasta convergir en varias luminosas interpretaciones contemporáneas, y estamos seguros que en los albores de este séptimo milenio, en el tiempo previo al Advenimiento, la Revelación que Dios le dio a Jesucristo se mostrará para beneficio de sus destinatarios claramente y sin ambages. Nuestro tarea ahora es hacerlo conocer a sus depositarios.

Pautas.
Los criterios de interpretación aplicados en esta obra están basados unicamente en la perspicuidad y exactitud infalibles de las Santas Escrituras. Es decir, la propuesta de una estricta disciplina para dejar que el Texto Sagrado sea el primer y único intérprete del Apocalipsis. Esto, en última instancia, no es una solución novedosa al problema exegético, simplemente pretendemos seguir aquí la enseñanza de la Palabra de Dios cuando declara que "ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada" (2P.1:20). Siendo pues que la Escritura se halla conformada por muchas profecías, lo que el apóstol intenta decir es que cada una de ellas se ha de interpretar a la luz de la bendita suma (comp.Sal.119:160) quien será el mas autorizado intérprete de la parte que se trata de dilucidar.
  A fin de amplificar este concepto, se incluyen ahora algunas valiosas opiniones al respecto:
  "La valoración literal de la Biblia fué un fundamento firme ya en la Iglesia Primitiva. Ireneo nos dá el sentimiento general cuando dice que "... lo que el entendimiento puede usar diariamente, lo que se puede saber fácilmente, es aquello que se halla delante de nuestros ojos, sin ambiguedad, literal y claramente en la Santa Escritura". Aunque este sano principio de interpretación fué subvertido posteriormente, la Reforma lo recobró y lo expresa en la voz de Lutero cuando declara: "... Yo he fundado mi predicación sobre el sentido literal de la Palabra; el que quiera puede seguirme, el que no, puede quedarse".
  Posteriormente, respecto a este mismo tema, Hooker expresa: "... Sostengo como una regla infalible en las exposiciones de las Sagradas Escrituras, que donde una construcción literal se sostiene, lo mas remoto de la letra generalmente es lo peor. No hay cosa mas peligrosa que el arte disoluto y engañoso que cambia el significado de las palabras, como lo hace la alquimia, o pretende hacer, con las substancias metálicas, haciendo de cualquier cosa lo que le place, y al final, reduciendo a la nada toda verdad".
Si Dios verdaderamente tenía el plan de hacer conocer al hombre Su voluntad, El tiene que adaptarse a nuestra manera de comunicar pensamientos e ideas. Si Dios dió Sus palabras para ser entendidas, es natural que tenga que emplear el lenguaje para transmitir el sentido designado, de acuerdo con las reglas gramaticales establecidas que controlan el lenguaje; y que, en vez de buscar un sentido que las palabras mismas no contienen, nosotros debemos obtener principalmente el sentido que las palabras obviamente abarcan, dejando campo necesario para la existencia del lenguaje figurado cuando así lo indica el contexto, según el fin o la construcción del pasaje. Por "literal" damos a entender la interpretación gramatical de la Escritura.
Si la literalidad, en la jota y la tilde, se acepta entonces como un axioma para interpretar APOCALIPSIS, todo intento por subjetivizar o espiritualizar inoportunamente el Texto Sagrado, debería ser considerado como un diluyente del propósito por conocer sus verdades. Se tratará entonces de mantener tales inclinaciones tán alejadas como sea posible. "Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite".

Algunos ejemplos
                Dentro de este órden de ideas, a continuación se resaltan sucintamente algunos ejemplos que serán tomados en consideración mas adelante para interpretar APOCALIPIS y que ponen de manifiesto los esfuerzos del idioma por establecer y fortalecer distintas doctrinas de la Biblia.
      Muestra de lo que se asevera es observado en el caso (casi imperceptible) de las traslaciones verbales. Sobre estas fórmulas gramaticales, que generalmente pasan desapercibidas al lector corriente, recaen enormes responsabilidades doctrinales, pues muchas veces son aplicadas con el propósito de establecer nada menos que... Jesús es Dios! (p.ej.: quise en Mt.23:37; me deshonrais, en Jn.8:49; viene en Jn. 14:6; etc.).
  Otro tanto sucede en el caso de los tiempos verbales. Ellos exhiben detalles que fijan doctrinas de importancia tál, que se hacen imposibles de subestimar. La Escritura señala la importancia de los tiempos verbales utilizados por el Señor Jesús para enseñar y demostrar distintas doctrinas. Ello se encuentra plenamente ejemplarizado en el pasaje de Mt.22:31-32:
"Pero respecto a la resurreción de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fué dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos".
Ya de entrada, este pasaje muestra la intención de Jesús para dirigir la atención de sus interlocutores hacia la Palabra escrita (¿no habéis leído?). Sin embargo, las palabras que cita (Ex.3:6), son un tanto enigmáticas. ¿Porqué utilizó, y cómo pretendía el Señor demostrar la resurrección de los muertos con tal pasaje? La única inferencia que nos permite la Escritura es pensar que lo hizo al enfatizar el tiempo presente del verbo, ya que para el momento en que Dios habló a Moisés en la zarza ardiente, tiempo hacía que Abraham, Isaac y Jacob habían muerto. No obstante, Dios no le dijo "Yo fuí "... sino "Yo soy", quedando demostrado todo el asombroso poder de la resurrección de los muertos por medio de un sencillo, pero ¡cuán importante! Detalle: la aplicación del tiempo de un verbo. Además de todo esto, dicha construcción gramatical es resaltada en su contexto como un ejemplo para "no errar ignorando las Escrituras". (v.29).
Modos verbales.
  En la interpretación del Apocalipsis, hemos adjudicado especial interés a los modos de los verbos. Uno de ellos, quizá el más conflictivo que se presentará, es el participio condicional del verbo nikao (= vencer), cuya traducción castellana "venciere"', repetidamente utilizada en los capítulos iniciales de APOCALIPSIS, será suficientemente expuesto en relación a las disimilitudes que plantea cuando se compara su aplicación en EPISTOLAS.
Términos de expresión.
  Prosiguiendo con los ejemplos se citan los "términos de expresión". Bien sean estos conclusivos o condicionales, no pueden ser aplicados ni deben ser valorados por igual en la interpretación bíblica. Es posible observar así, cómo los términos expresivos utilizados por  el apóstol Pablo en Ro.5:1-2 respecto al "gloriarse en la esperanza" son definitivamente conclusivos ; en tanto que una similar declaración es registrada por el autor de Hebreos pero en términos condicionales (3:6,14).
Es enteramente obvio que en ambos casos, el "gloriarse en la esperanza" no es propuesto ni requerido en la misma forma a romanos y hebreos, pues lo que para el primer grupo se manifiesta como un hecho concluído , para el segundo se halla condicionado a requisitos de cierta actitud y comportamiento.

Estilo.
Finalmente, y de no menos importancia, será digno de resaltar en las características de estilo de APOCALIPSIS, unas esencialmente distintas de aquellas que se expresan en el trazo de EPISTOLAS.
APOCALIPSIS manifiesta tales distinciones, entre otras, en (a ) el retorno al uso del discurso clásico en primera persona singular utilizado en el A.T.; (b ) en expresiones con un marcado colorido judaico respecto a los juicios divinos y a los méritos humanos; (c ) en lo que las EPISTOLAS no expresan; y otros importantes detalles que serán expuestos con el propósito de conferir a las características de estilo su justa cuota de responsabilidad en la interpretación de APOCALIPSIS.


II

LIMITACIONES DEL
DISPENSACIONALISMO

Anticipando resultados.
A fin de orientar al lector en el propósito de esta obra, se adelanta su intención con la formulación de dos preguntas. Ellas son: ¿Para quienes fué revelado APOCALIPSIS? y ... ¿Cuándo su mensaje constituirá una bienaventuranza?
Ya desde su inicio, se anticipan los resultados de esta tesis en el sentido que, APOCALIPSIS, si bien registra un pasaje descriptivo (19:7-8) y uno tipológico (21:2-23) de la Iglesia, su mensaje y propósito no representa intimación para, ni está dirigido en manera alguna a, la Iglesia de Cristo.
¿Objeciones? ... Bueno, posiblemente habrán muchas!, aún entre aquellos que siguen la interpretación de APOCALIPSIS dentro de un enfoque futurista-dispensacional-premilenial pero desde su capítulo IV en adelante.  Es de confiar, sin embargo, que tales objeciones cesarán cuando se demuestren las dramáticas diferencias posicionales existentes entre los destinatarios de APOCALIPSIS y los miembros de la Iglesia.

Un justo reconocimiento.
Primeramente, se ha de reconocer -pues es justo- la constante lucha de los teólogos dispensacionalistas por la vindicación de la interpretación gramatical de la Palabra de Dios.
Ellos exhibieron con maestría y paciencia, no sólo las desemejanzas entre el Antiguo y Nuevo Testamentos, sino también las diferencias teológicas existentes entre EVANGELIOS y EPISTOLAS, mostrando así las características del Plan de Dios para Israel, como uno distinto de aquel de la Iglesia, cada uno con su respectivo sistema de mérito y gracia. Así mismo fijaron, con la autoridad que surge de la Escritura misma, las distintas economías divinas junto con otras importantísimas doctrinas que han arrojado luz -y en consecuencia paz- en el corazón del creyente.
Inconsecuencia.
Sin embargo, los expositores que ostentan esta incomparable forma de interpretación bíblica, evidencian haber detenido allí , ante APOCALIPSIS, sus esfuerzos comparativos, pues al llegar a la parte inicial del Libro, no son consecuentes con la metodología exegética y dogmática que ellos mismos aplican en otros temas bíblicos y, al confrontarse con el estilo textual de sus tres primeros capítulos, las otrora comparaciones firmes e incisivas, lúcidas e inteligentes cesan y la interpretación, aunque en oportunidades es extensa y con visos de erudicción, al fin produce resultados laxos, superficiales, y en ocasiones, extra-bíblicos.
Las grandes obras de teología dispensacionalista del presente siglo han integrado, por ejemplo, con pasmosa liberalidad a los tres primeros capítulos de APOCALIPSIS dentro de la presente dispensación de Gracia. Las palabras "pasmosa liberalidad" pretenden expresar que los argumentos expuestos para tal inclusión no cuentan con el respaldo sólido e inobjetable que caracteriza planteamientos de sus autores en otras partes de la Escritura.
En forma repetida, las interpretaciones de APOCALIPSIS se han limitado, vez tras vez, al tradicional enfoque futurista conocido como "4-20", haciendo al mismo tiempo enormes esfuerzos por armonizar lo que es una compleja proclama profetica para Israel con la enseñanza doctrinal de la Iglesia. Esto ha resultado en inevitable violencia a doctrinas tán vitales como la de la seguridad de salvación además de los innumerables y preocupantes problemas que plantea el hecho de asumir y enseñar el mensaje apocalíptico de las siete iglesias, como si este fuera dirigido a la Iglesia... de Cristo.

Nociones equívocas.
Algunos principios de interpretación que han motivado esta errada noción, son, entre otros: (a ) el asumir de antemano que, en APOCALIPSIS, los creyentes son llamados siervos; 3 (b ) el hecho de que, por cuanto APOCALIPSIS se declara a sí mismo como una "revelación" y una "bienaventuranza" para el que lo lea y oiga (1:1,3), el Libro debe ser  íntegramente aceptado por el creyente docto y paciente, a fin de que él mismo pueda apropiarse de sus bendiciones. (Esto, si bien es cierto en parte, no debería conducir al extremo de subjetivizar su Texto en aspectos que aún no se entienden en todos sus detalles, solamente con el propósito de probar que el Libro "es" una revelación).
El error de (c ) asumir la consabida división ternaria de APOCALIPSIS (1:19) definiendo "las cosas que son" como la presente Dispensación de Gracia, y adjudicando a la etimología de los nombres de las siete iglesias juntamente con el tracto histórico de los últimos dos milenios, una supuesta "llave" que abre el misterio que las encierra.
La desmedida importancia que se ha otorgado a esta teoría, se ha de decir en primer lugar y con toda firmeza, que es extra-bíblica. Esto es, tales experiencias históricas no están, ni pueden ser refrendadas por la Palabra de Dios; y en segundo término, estos acontecimientos que pretenden ser únicos, muestran sin embargo su similitud y paralelo en decenas de ocasiones en la historia de la humanidad; (d ) el asumir la existencia de una Iglesia meramente profesante, compuesta por creyentes "tibios" (Ap.3:16) los cuales reciben las admoniciones de APOCALIPSIS con el propósito de ser "despertados" espiritualmente. (La idea germinal de este concepto posiblemente se halle en lo que pudiera denominarse como el "complejo pastoral anglo-sajón" que presupone a todo con-nacional como miembro de la Iglesia de Cristo, aún cuando en verdad sabemos que en este planeta no existe tal cosa como una nación  cristiana); (e ) la falla en reconocer la mediación angélica en APOCALIPSIS como una acción divina exclusiva para Israel y las naciones, en continuación con el ministerio mediador de los ángeles en el A.T. y en EVANGELIOS, pero definitiva y totalmente distinta de la relación personal e íntima entre Cristo y su Esposa; (f ) la inhabilidad de ver en la "asamblea" del A.T. y especialmente en Mt.18:17 a la iglesia israelita , y (g ) la suposición inexacta de que la palabra "iglesia" es atribuible unicamente a la Esposa, el Cuerpo de Cristo.

Secuelas.
El uso y la defensa a ultranza de estas definiciones, muchas de ellas establecidas por meritorios maestros bíblicos, han ocasionado lamentables demoras en el esclarecimiento del Texto apocalíptico.
La presuposición en la exactitud de sus formulaciones actuó siempre en los esfuerzos de otros intérpretes como una especie de trampa "caza-bobos", pues vez tras vez, los expositores dando por buenas de antemano tales teorías que armonizan superficialmente a los tres primeros capítulos de APOCALIPSIS, pasaron con celeridad a enfrascarse en análisis posteriores, sin imaginar las consecuencias que pudiera arrojar sobre sus propias interpretaciones la simple variante de, por ejemplo, quiénes pudieran ser los verdaderos destinatarios de APOCALIPSIS.




Una aclaratoria oportuna.
A esta altura, es necesario aclarar enfáticamente que este trabajo no constituye un esfuerzo crítico contra el dispensacionalismo. Antes al contrario, quien escribe está profundamente convencido de los enormes beneficios que se derivan de estudiar y comprender las Escrituras en forma tal. Las observaciones hechas se dirigen hacia ese sistema de teología precisamente por creer que es el único suceptible de asimilar nuevos encauces que arrojan mas luz en la comprensión del Divino Propósito; y en última instancia, no hacia el sistema mismo, sino hacia quienes utilizan sus formulaciones.

Personajes clave.
Uno de los versículos finales de APOCALIPSIS (22:17a), presenta a tres personajes que, para el propósito que a continuación sigue, merece un detenido análisis. Estos personajes, que son el Espíritu, la Esposa y "el que oye" conforman según el Texto a dos grupos que se distinguen entre sí por el modo de llamar a Jesucristo.
Para el primero de los grupos -formado por el Espíritu y la Esposa - el Texto Griego utiliza el indicativo levgousin (= dicen). Para el segundo grupo -formado por "el que oye"- el Texto Griego registra el imperativo eijpavtw (= diga).
De esta forma se observa con claridad cómo el Espíritu y la Esposa, de motu-proprio , dicen "Ven"; en tanto que "el que oye" recibe el mandato imperativo para que diga "Ven".
Todo lo anterior denota el importante hecho de que la Esposa, además de ser exhaltada hasta el mismo glorioso estrado del Espíritu, no es exhortada, sino que natural, voluntaria y amorosamente (¿porqué no habría de ser así?), llama a su Esposo (comp. Cnt.5:8).
Pero, ¿quién es entonces "el que oye"?... Bien, al proseguir adelante en la investigación teológica del pensamiento dispensacional-futurista-premilenial y al exhibir las notables disimilitudes que surgen al comparar APOCALIPSIS con todo el Cuerpo de Epístolas de S.Pablo y S.Juan, esta obra se propone demostrar que "el que oye" no forma parte, en manera alguna, de la Esposa.

        
III
CARACTERISTICAS DE ESTILO

La posición del cristiano y el mensaje apocalíptico.
Solo asombro y perplejidad puede emerger en la mente del creyente que, habiendo comprendido y aceptado su posición de eterna salvación en Cristo, se considere al mismo tiempo destinatario receptor de las fortísimas admoniciones condicionales de los tres primeros capítulos de APOCALIPSIS.
Aunque en esta parte de las Escrituras se han realizado reiterados esfuerzos por armonizarla con el rasgo teológico que predomina en EPISTOLAS, sin embargo el estudio comparativo -detenido y cuidadoso- de estas dos formas de expresión bíblica pondrá en evidencia tántas y tán notables disimilitudes, que llevarán al lector intelegente y consecuente con su posición en Cristo, a darse cuenta que el mensaje de APOCALIPSIS de ninguna manera puede estar dirigido a uno que ya ha sido perdonado, salvado, regenerado y resucitado por la Obra de Jesucristo en la cruz.

Estilo expresivo.
El lenguaje apocalíptico es esencialmente distinto de aquel que utilizan los apóstoles en sus mensajes a la Iglesia. Sus extremos son en verdad impactantes cuando uno considera, por ejemplo, que el creyente en Cristo Jesús ya lo ha alcanzado todo por la fe (1Co.3:21-23), mientras que, como se podrá observar mas adelante, cualquiera de los miembros de las siete iglesias de APOCALIPSIS no parece haber alcanzado aún bendición alguna.
En APOCALIPSIS los pensamientos están investidos de fuertes términos y conceptos judaicos. Allí, la idea de juicio es la forma escatológica dominante y es evidente que su Texto literario se aleja definitivamente de la doctrina de "misericordia-gracia-fe" para retomar el esquema vetero-testamentario de "juicio-virtud-recompensa" que es también notable en EVANGELIOS.
El mensaje a las siete iglesias de APOCALIPSIS exhibe unas características de estilo que orientan hacia una salvación por méritos. Es la exhortación a un esfuerzo personal a fin de llegar a alcanzar  las promesas. En APOCALIPSIS ninguna bendición es para el presente, mucho menos asegurada en el pasado; todas ellas son futuras y su estilo expresivo presenta una restauración aún por efectuarse y esto en gran parte por medio de las virtudes y méritos de sus receptores.
El arquetipo de esta "puerta angosta" se halla expresado en el Sermón del Monte, en donde toda bendición prometida está condicionada a las obras humanas (Mt.5:1-48).Contrapuesto a lo anterior, el cristiano ha sido informado por las Santas Escrituras que, en la presente Dispensación en la cual vive, la Gracia somete sus obras a las condiciones de ... las bendiciones divinas! y que la excelsa posición que el creyente tiene asegurada en Cristo, lo hace completo (Col.2:10); no puede ser condenado (Ro.8:1) y, cosa digna de notar, en ninguna parte de las Escrituras se le exhorta a vencer sino a confiar en la consumada victoria de su Salvador (Jn.16:33).

Distinciones del discurso bíblico.
El uso del clásico discurso en primera persona, tan comunmente utilizado en el A.T. ("Así dice Jehová") muestra su retorno desde el inicio del Texto apocalíptico ("Estas cosas dice el Santo") como una de las mas acentuadas diferencias de las características de estilo literario que predominan en el resto del Texto del N.T.
En una observación detenida, se puede apreciar inicialmente cómo en EVANGELIOS el Texto fluye en una narrativa histórica, no tanto en procura cronológica de los hechos, sino en la presentación de la obra y las palabras de un hombre singular: Jesús de Nazareth.
Posteriormente, en Hechos de los Apóstoles, el Texto registra en forma de diario los acontecimientos de la Iglesia Primitiva; y finalmente, las EPISTOLAS transmiten dentro de un estilo nuevo que expresa cercanía e intimidad, las enseñanzas doctrinales dirigidas a un grupo de personas muy especiales que han sido electas y santificadas por Dios para el nuevo y muy sublime propósito de ser "coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús" (Ef.3:6b).
En EPISTOLAS, el mensaje es anunciado por hombres enviados en y por el poder del Espíritu Santo. Ellos se presentan a sí mismos como "colaboradores" y "administradores" de la gracia de Dios (1Co.3:9; 4:1) y en los mensajes a sus hermanos, se muestran integrados en la misma esencia del sufrimiento que Cristo tuvo por la Iglesia, todo expresado dentro de un estilo literario que muestra la unión indisoluble con sus destinatarios (2Co.11:28-29; Gá.4:19; Col.1:24).
Contrastando con esta forma expresiva, APOCALIPSIS muestra su rígido esquema eslabonado entre Dios/Jesucristo/ángel/siervo (1:1), en donde el mensaje divino revelado a Jesucristo es expresamente mediado por un ángel para que éste a su vez lo declare, no al apóstol o al anciano sino al siervo Juan, quien escribe lo que ve y lo que oye en forma si se quiere un tanto neutra e impersonal, reflejando el simple cumplimiento del mandato divino, pues aunque el autor refleja sus emociones (1:17; 5:4; 17:6), estas no se relacionan tanto con sus destinatarios como con los acontecimientos que describe.

Colorido judaico.
El colorido judaico es otra característica de estilo notable dentro del Texto literario de APOCALIPSIS. Cuando se le compara con EPISTOLAS, resaltan expresiones y palabras que muy poco o nunca fueron utilizadas por el apóstol Pablo.
APOCALIPSIS habla, por ejemplo, del "reino sacerdotal" que Jesucristo hizo para su Padre (1:6a). Esto es, el Padre de Jesús, no de los sacerdotes , lo cual crea un conflicto si se considera al creyente como uno de los personajes mencionados (comp.Jn.20:17).
En el Texto apocalíptico igualmente se hacen solemnes advertencias sobre falsas doctrinas que nunca fueron mencionadas a la Iglesia tales como la de Balaam, los Nicolaítas, Jezabel... (Ap.2:14-15,20); así mismo se atribuyen nombres al Señor Jesús que resultan extraños al creyente, tales como "el Hijo del Hombre" o "la Estrella de la mañana", y se utilizan símbolos desconocidos y no aclarados en la enseñanza doctrinal a los santos, como son la relación entre los ángeles y las iglesias en su misteriosa designación de estrellas y candeleros (Ap.1:20); y finalmente, en la denominación de "judíos" otorgada a los integrantes de las iglesias las cuales reciben a su vez mención indirecta de "sinagogas" (Ap.2:9; 3:9).
Lo que Pablo no dijo.
Habiendo entendido que el misterio de la Gracia de Dios fué revelado al apóstol Pablo en forma directa y completa por el mismo Señor Jesús (Gá.1:11-12; Ef.3:1-12), es posible inferir entonces que, siendo éste el receptor y transmisor de toda la doctrina para la Iglesia, sean de suma importancia para el estudio comparativo, no solo lo que él dijo, sino aquellas expresiones y palabras que estando registradas en APOCALIPSIS nunca fueron mencionadas por el apóstol en todo el cuerpo de su enseñanza doctrinal.
Así, Pablo nunca utilizó en sus inspiradas Epístolas, por ejemplo, la palabra "sacerdotes ". Tampoco él se refirió al Señor Jesús como "el Hijo del Hombre " o como "la Estrella de la mañana " y nunca utilizó (él ni ningún otro apóstol) el verbo "vencer" en su modo condicional (=venciere). (Esto último no es cosa menuda si se recuerda que en el mensaje apocalíptico esta sola palabra condiciona toda bendición a sus destinatarios). (Ap.2:7,11,17,26; 3:5,12,21; 21:7).
Igualmente, el apóstol nunca informó a la Iglesia que ella tendría que llegar a comer del "árbol de la vida" o del "maná escondido" (Ap.2:7,17), o acerca de la relación que el creyente debería tener con la "llave de David" (Ap.3:7), y mucho menos que los hijos de Dios estuvieran en peligro de sufrir el daño de la muerte segunda (Ap.2:11; 20:10) o de que sus nombres pudieran llegar a ser borrados del libro de la vida (Ap.3:5).
Mientras que por la otra parte, al volver la mirada al Texto de APOCALIPSIS se puede observar una significativa y total ausencia de algunas importantísimas palabras que tanto abundan en EPISTOLAS y que son, entre otras, (a ) misericordia; (b ) perdón; (c ) propiciación; (d ) reconciliación; (e ) justificación; (f ) regeneración; y (g) santificación, las cuales ciertamente ya han sido alcanzadas por el creyente pero en APOCALIPSIS no aparecen en ninguno de sus versículos.

Las cosas que deben suceder con prontitud.
Se presentan a continuación dos expresiones muy significativas para la tarea que nos ocupa. Ellas son las cosas que deben suceder con prontitud ; Ap.1:1), y las cosas que están por ocurrir después de estas; (Ap.1:19).
Cuando se toma en cuenta el hecho fehaciente de que ya van cumpliéndose setecientos mil días (!) desde que APOCALIPSIS le fuera revelado al apóstol Juan, estas dos expresiones iniciales presentan conflictos en su interpretación gramatical cuando APOCALIPSIS pretende ser adjudicado a la Iglesia.
Si esto fuera así, desde el tiempo de la Iglesia Primitiva cabría la pregunta... ¿En dónde están esos terribles acontecimientos por ocurrir con prontitud ?
Claro está... siempre habrá campo para la espiritualización o subjetivización del Texto. Sin embargo, si aún así se pretendiera objetar que tales expresiones significan "de pronto" o "sin previo aviso"  se observa en el primero de los casos (las cosas que deben suceder con prontitud ), que la preposición asociativa jejn (=con) presenta una barrera gramatical dificil de salvar. En el segundo caso (las cosas que están por ocurrir ), es digno de notar que la perífrasis formada por los verbos mevllei y genevsqai se esfuerza en su interconección por indicar la inminencia de los acontecimientos. (Quizá la traducción mas apropiada aquí sería: "las cosas que están a punto de ocurrir").
Si el análisis de estas expresiones se realiza en una forma laxa, entonces, lo menos que experimentará el lector honesto antes de volver la primera página del Libro será perplejidad. Si en cambio la interpretación se orienta en el sentido de que APOCALIPSIS -en su totalidad- aún no ha sido revelado a sus destinatarios , entonces, la acostumbrada luz que surge por la interpretación gramatical de otros pasajes de la Escritura, sobreviene también a esta parte del Texto.
Dentro de este mismo órden de ideas es interesante observar, por ejemplo, cómo la Biblia contrapone expresiones que mesuran distintivamente el tiempo del Advenimiento.
En EVANGELIOS, Jesús ya advirtió a los judíos que "aunque su Señor viniese a la tercera vigilia, bienaventurados serían los siervos que estuviesen preparados" (Lc.12:38), indicando con esta expresión lo larga que habría de ser para Israel la espera de su Mesías en gloria.
APOCALIPSIS, por el contrario, declara que "el tiempo está cerca"  y que las cosas allí descritas deben suceder "con prontitud" (Ap.1:1,3; 22:6b).
La siguiente explicación es ofrecida para tales diferencias: La tercera vigilia (esto es, tarde en la noche) habla del extenso período en la posposición del Reino de los Cielos, tipificado también por el cabeceo de las vírgenes (Mt.25:5), cuyo lapso de tiempo va cumpliendo su segundo milenio y en donde el registro de Mt.14:25 pudiera tener un alcance profético mucho mas dramático y significativo de lo que fué para los discípulos en aquella pequeña barca.
En cambio, en el caso que nos ocupa, "las cosas que están por ocurrir con prontitud" aún no han sido reveladas a sus verdaderos destinatarios - los israelitas- y ellas se harán presentes inmediatamente después que la Iglesia -el Cuerpo de Cristo- haya partido para encontrar a su Esposo en el aire (1Ts.4:16-17).
Entonces, solo entonces, retomará vigencia todo el campo de la profecía bíblica respecto al Reino de los Cielos, y esto incluirá ciertamente a los tres primeros capítulos de APOCALIPSIS. Comenzará la Septuagésima "semana" de Daniel (Dn.9:24) y, en un período extraordinariamente corto para semejante acontecer (77 meses), se sucederán todos los hechos descritos en los primeros 19 capítulos de APOCALIPSIS: ". . . las cosas que deben suceder pronto ".
El que tiene oídos, oiga.
Otra característica de estilo descollante que mueve a asombro cuando se pretende aplicar a la Iglesia de Cristo es la expresión "el que tiene oídos, oíga".  Este tajante desafío es emitido a cada una de las siete iglesias bien sea antes (2:7,11,17) o después (2:29; 3:6,13,22) del mensaje dirigido a aquellos que han de vencer.
Si se observa con detenimiento el testimonio de toda la Escritura es factible notar que la expresión "el que tiene oídos, oiga" es típica y exclusiva para el pueblo de Israel. Su revelación tiene inicio en el Pentateuco (Dt.29:4) y Dios concreta su definición al profeta Isaías (6:9-10) para luego ser anunciada por el propio Señor Jesús (Mt.13:9-17,43; Mr.4:9,23; 7:16; Lc.8:8; 14:35) y por el apóstol Pablo (Hch.28:25-27) siempre en una relación invariable con Israel, la nación:
"... Anda y dí a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad" (Is.6:9-10).

A la Iglesia de Dios jamás se le dió semejante mensaje, "...antes bien, como está escrito: Cosa que ojo no vió, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman, pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido" (1Co.2:9-12).


IV

DESTINATARIOS DE APOCALIPSIS

Importancia de la identificación.
La identificación plena, cierta y escritural de los destinatarios de APOCALIPSIS reviste una trascendencia tál, que es imposible de subestimar en el propósito de conocer las verdades que encierra el complejo mensaje de su Texto.
¿A quiénes envió Dios las profecías de APOCALIPSIS? La respuesta de la Escritura es clara y enfática: "a los siervos de Jesucristo" (Ap.1:1a).
Ahora bien, si Jesucristo dirige APOCALIPSIS a sus siervos, entonces la anterior declaración del mismo Jesús "ya no os llamaré siervos " (Jn.15:15), plantea una disimilitud muy peculiar la cual se considera vital para identificar a los destinatarios de APOCALIPSIS y para la subsecuente comprensión inteligible de todo lo que sigue.

Siervos y creyentes.
Por prestas generalizaciones muchos intérpretes bíblicos han homologado la palabra siervos con la de creyentes , afirmando así que las admoniciones y bienaventuranzas de APOCALIPSIS están dirigidas a loshijos de Dios.
Respetuosamente disentimos de tal afirmación. La palabra griega douvloi¾, traducida "siervos" en nuestra VRV, no tiene en APOCALIPSIS el sentido figurado que se le ha pretendido adjudicar.
Antes por el contrario, el análisis desprejuiciado de esta palabra en otras partes del Texto bíblico favorecerá casi siempre su interpretación gramatical, poniendo en evidencia que, lejos de ser un tropo de dicción douvloi¾ contiene un significado pleno, como la expresión directa de la idea para que se inventó tal palabra. En APOCALIPSIS, "siervo" significa siervo. No hijo ni creyente.
La inducción de que los creyentes  son llamados siervos es un error lamentable que ha demorado el mejor esclarecimiento de APOCALIPSIS, opacando gran parte de su intensidad, propósito y grandeza y ocasionando graves conflictos doctrinales, mientras que el estudio detenido del alcance de las infalibles -y no alegóricas- palabras de Jesús "Ya nos os llamaré siervos " abrirán al estudiante un camino de interpretación que ineluctablemente conducirá a comprender que todo el mensaje de APOCALIPSIS se halla dirigido, no a los hijos, sino a los siervos de Dios.
El testimonio escritural.
Las Sagradas Escrituras exhiben un profuso testimonio de lo que se viene afirmando. En la relación entre Dios e Israel en la futura dispensación del Reino los siguientes pasajes evidencian que los "siervos" de Dios y de Jesucristo son hijos... pero de Israel.
Los pasajes son: "Porque mis siervos son los hijos de Israel; son siervos míos" (Lv.25:55a); "Porque Dios salvará a Sión, y reedificará las ciudades de Judá, y habitarán allí y la poseerán. La descendencia de sus siervos la heredará" (Sal.69:35-36a); "Aparezca en tus siervos tu obra, y tu gloria sobre sus hijos" (Sal.90:16); "Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y su descendencia será establecida delante de tí" (Sal.102:28);
"Si tus hijos (de David) guardaren mi pacto, y mi testimonio que yo les enseñaré, sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre" (Sal.132:12); "Y todos tus hijos (de Israel) serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos... Esta es la herencia de los siervos de Jehová" (Is.54:13,17b); ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de sus alas y no quisiste! (Mt.23:37).

Un súbito cambio.
En la intimidad de Su última cena, momentos antes de ser entregado, Jesús, el eterno Hijo de Dios, aquel Verbo creador que durante muchos siglos los había estado llamando "siervos", adelanta ahora a sus discípulos la sublime posición de hijos que lograría para ellos con Su muerte y resurrección.
Con la súbita introducción "ya no os llamaré siervos" Cristo dá por finalizada la antigua condición e inicia la traslación posicional de aquella "manada pequeña" hacia el nuevo nexo familiar con Su mismo Padre. Tal cambio de posición es sugerido también al comparar la mención respecto a los hombres que Su Padre le había dado del mundo -y esto antes de Su muerte- para que fuesen hechos Sus hermanos  -después de Su resurrección- (comp.Jn.17:6 con Jn.20:17).
El propósito.
La repentina declaración de Jesús contiene además un profundo sentido dispensacionalista que mira hacia Pentecostés, pues mientras "el siervo no sabe lo que hace su señor" (tal es la conexión), el hijo en cambio, habiendo recibido el Espíritu Santo, sabe lo que su Padre celestial le ha concedido (1Co.2:12).
Así, es posible inferir con toda certeza que la condición de hijo es distinguida de la del siervo por la presencia moradora del Espíritu. A esta altura es conveniente aclarar que las expresiones de los apóstoles, llamándose a sí mismos siervos, muestran unicamente una auto-denominación respecto a su servicio en el ministerio. (El caso del apóstol Juan es único; y su doble posición como miembro de la Iglesia de Cristo y siervo receptor del APOCALIPSIS quizá arroje luz sobre ciertas enigmáticas porciones de su Evangelio; p.ej. 13:23; 19:26; 21:20-23).

¿Una bienaventuranza para el cristiano?
Otra opinión propuesta y aceptada por reconocidos maestros bíblicos, es aquella que afirma que APOCALIPSIS constituye una "bienaventuranza" para el creyente. En esto, nuevamente expresamos reserva, ya que desde el punto de vista lexicográfico, si se observa cuidadosamente la ubicación de la conjunción causal subordinada "porque" (bienaventurado el que lee... porque el tiempo está cerca" Ap.1:3), resalta de inmediato la conexión entre la bienaventuranza propuesta con la cercanía de los acontecimientos que APOCALIPSIS describe.
Para bienaventuranza escritural el creyente tiene, entre muchas otras partes de la Escritura, el Himno de la Epístola a los Efesios (1:3-14), ante cuyo sublime contenido que devela la posición e inescrutables riquezas de los hijos de Dios, cualquier promesa de APOCALIPSIS simplemente... palidece.
Es necesario aceptar el hecho de que, aunque Dios pueda otorgar sabias iluminaciones a sus hijos sobre el Texto apocalíptico, esto no necesariamente constituye la bienaventuranza propuesta. No al menos en la proporción, sentido y dirección que la Profecía persigue. En esta tesis se afirma que APOCALIPSIS llegará a ser una real y magnífica bienaventuranza cuando el tiempo, ese terrible "tiempo de angustia de Jacob" se halle cerca. En ese tiempo, APOCALIPSIS mostrará a los siervos de Dios (la nación de Israel) y para su provecho, las cosas que deben suceder pronto.
Será el tiempo en que "los sabios y entendidos comprenderán" (Dn.12:3; 12:10); tal es el período de la tribulación la grande (Ap.7:14 VOG) en que los israelitas mirarán al contenido de las profecías apocalípticas como la información salvífica mas preciada la cual habrá de librarlos de adorar al anticristo y poder así "esperar y llegar a los anhelados 1335 días" (Dn.12:12). Entonces  serán bienaventurados el que lea y los que oigan las palabras de la Profecía porque  el tiempo habrá de estar cerca.

Conclusiones.
En observación de éstas y otras disimilitudes que muestra APOCALIPSIS cuando es comparado con otros Escritos Sagrados dirigidos a la Iglesia, es nuestra firme y sincera creencia haber notado en el mensaje apocalíptico (expresado en un lenguaje donde la grandeza de Dios se devela en toda su terrible majestad) en primer lugar, la revelación acerca del estado espiritual en que se encontrará Israel para el tiempo previo al regreso de su Mesías en gloria. En segundo término, las fortísimas admoniciones con las que el Hijo del Hombre * procura despertar a sus siervos a fin de hallar fé (aceite en las lámparas) a su retorno (Mt.25:1-13; Lc.18:8b); y por último, la descripción de los terribles y portentosos acontecimientos que tendrán lugar en la tierra, después del arrebatamiento de la Iglesia al cielo, y que constituyen el justo juicio de Dios sobre un kovsmo¾ que rechaza la Gracia salvadora de Cristo Jesús.

* El énfasis de la cursiva se aclara suficientemente en el
  Capítulo VII, Parte Segunda.



V

LA MEDIACION ANGELICA

Su importancia teológica.
El estudiante debe evaluar con detenimiento la doctrina de la mediación de los ángeles, conceptuándola como un tema importante, capaz de arrojar cuantiosa luz en la comprensión de APOCALIPSIS.
La importancia de esta doctrina parte del hecho cierto de que casi la totalidad de los acontecimientos descritos allí, se hallan mediados por ángeles. Comenzando por el órden jerarquico de su formulación ("... y la declaro enviándola por medio de su ángel" 1:1), como en las exhortaciones a las distintas iglesias (2:1-3:22) y hasta el anuncio y la ejecución de los diversos juicios (8:5-9:15; 14:15-16:12; etc.), los ángeles se exhiben en APOCALIPSIS como contínuos mediadores de la acción divina.
La inobservancia o laxa interpretación del registro "por medio de su ángel" (1:1b) y la relación que éste tiene con las siete iglesias actuará siempre en detrimento de la comprensión cabal del Libro, en tanto que el reconocimiento de la mediación angélica como un acto de Dios hacia Israel definitivamente distinto de la relación personal, íntima y directa entre Cristo y su Iglesia, abrirá camino para luminosas interpretaciones.

Una pregunta conflictiva.
Se inicia el estudio del tema con una pregunta particularmente exegética que es propuesta por la expresión a[ggeloi tw`n eJptav ejkklhsiw`n (=los ángeles de las siete iglesias. Ap.1:20) para aquellos que ven, o bien una referencia a obispos u otros que la interpretan como ángeles reales.
De inmediato nos plegamos con los postreros a fin de evitar emprender la controversial aventura de salvar la barrera filológica con los que persisten en ver a los ángeles como ancianos de la Iglesia.
Pensamos que, como en el resto de APOCALIPSIS, los a[ggeloi son siempre ángeles reales; esta al menos parece ser la interpretación natural a la cual nos guía siempre el Texto Sagrado.
Es posible que la interpretación que pretende ver ancianos en los ángeles que encabezan las siete iglesias sobrevenga por no entender que las iglesias que menciona APOCALIPSIS no son la Iglesia de Dios en Cristo Jesús. De esta forma se pretenden resolver las discrepancias que existen entre la fuerte actividad e importancia de los ángeles en APOCALIPSIS con su casi completa ausencia en la doctrina Epistolaria, adjudicando para esto anti-tipos que no se encuentran plenamente respaldados por la Palabra de Dios.
Tal afirmación se halla sustentada por el hecho de que (a ) en la Iglesia de Cristo el ejpivskopo¾ (=obispo) es siempre considerado como un miembro mas de la congregación y nunca exhaltado sobre ella (Fil.1:1) como lo demanda la conjunción de símbolos: iglesia = candelero; ángel = estrella ; y (b ) la falta de una explicación lógica para la desigualdad numérica que plantearía la sucesión de tales tipos y anti-tipos:   
                   1       2      3
                  estrellas = ángeles = ancianos
                 candeleros = iglesias =  ¿...?
Si APOCALIPSIS mismo interpreta a las estrellas por ángeles y los candeleros por iglesias, el seguir adelante y justificar un anti-tipo (anciano u obispo) por medio de otro ya establecido por el Texto (ángel) pudiera revestir visos de una audacia interpretativa no cónsona con la seriedad de quienes esgrimen tales argumentos.
En esta obra se afirma definitivamente que el Libro de APOCALIPSIS evidencia con bastante claridad el concepto judaico de la representación angélica en las comunidades israelitas (Ec.5:1-4), lo cual también corresponde con los ángeles de las naciones y Miguel como el ángel de Israel (Dn.10:13,20,21; 12:1).

Israel y los ángeles.
En APOCALIPSIS, la mediación angélica no es sino la continuación del ministerio que los ángeles tenían para con el pueblo de Israel que registra tanto el A.T. como EVANGELIOS.
A fin de establecer una cronología del Registro bíblico en la mediación angélica, se puede mencionar primeramente (a ) la narrativa del Éxodo en la cual " Dios envió un ángel para sacar a Israel de Egipto" (Nm.20:16; Hch.7:38a); posteriormente, (b ) vemos a los ángeles actuar como mediadores en la entrega de la Ley (Hch.7:53; Gá.3:19b; He.2:2); luego, (c ) en la defensa de Israel (2R.19:35; Sal.78:49) y (d ) en su castigo (2S.24:16).
Continuando el órden de eventos se encuentra (e ) la entrega del mensaje que los ángeles efectuarán a las comunidades o iglesias israelitas (Ap.capts. 2; 3 y 7:1-8); y finalmente, las dos acciones divinas relacionadas con Israel expresamente mediadas por ángeles según la explícita declaración del Señor Jesús. Ellas son: (f ) el recogimiento de los injustos entre los justos en "la siega del fin del siglo" (Mt.13:39,41,49) y (g ) la reunión sobrenatural de Israel, en donde los ángeles, a la voz del Hijo del Hombre, "juntan los escogidos de los cuatro vientos de la tierra" (Mr.13:27).


Jesús y Su Iglesia.
Contrapuestas a estas acciones divinas en las que los ángeles desempeñan un papel primordial como mediadores entre Jesucristo e Israel, se encuentran aquellas que personalmente realizó y aún realizará el Señor por Su Iglesia.
A saber: (a ) Cristo sacó a Su Iglesia de "Egipto" (espiritualmente, símbolo del kovsmo¾ satánico dentro del cual el cristiano vivía en esclavitud) y por medio de Su obra la trasladó a Canaán... la celestial. El pasaje de la transfiguración (Lc.9:31VOG) ilumina particularmente éste tipo cuando Jesús, Moisés y Elías hablan del " e[xodon (= Éxodo = partida ) que Cristo iba a cumplir en Jerusalén". Esta "partida," convierte a la epopeya del Éxodo en un precioso tipo cuyo anti-tipo es la libertad del pueblo cristiano lograda por la muerte de Cristo en la cruz del Calvario.
(b ) A diferencia de los Israelitas, que recibieron la Ley de Dios en "tablas de piedra", los creyentes la reciben en sus corazones escrita por el Espíritu de Cristo (2Co.3:3), y (c ) si bien Dios defendía a Israel por medio de ángeles, es también verdad que "...aquellos llamados y santificados en Dios Padre están guardados por Jesucristo (Jd.1), Quien los libra y preserva de las malas obras del mundo (2Ti.4:18).
(d ) Mientras que Dios utiliza a sus ángeles para castigar los pecados de Israel, el castigo de cada hijo de Dios es realizado única y personalmente por su Hermano Mayor, Quien, ante su eventual falta de visión introspectiva, le castiga a fin de que no sea condenado con el mundo (1Co.11:31-32).
(e ) Si el mensaje divino para Israel está mediado por ángeles, vemos en contraposición a esto que toda la enseñanza de Cristo es dada directamente por el Espíritu de Cristo, para aquellos que tienen el Espíritu de Cristo (1Co.2:13-16; 6:17) de suerte tal que "no tienen necesidad de que nadie les enseñe, pues la Unción misma les enseña todas las cosas" (1Jn.2:27a).
 (f ) El juicio del creyente es también un acto que Jesús se reserva exclusivamente. Es Cristo -no sus ángeles- quien juzga a los santos. El creyente comparecerá ante Su tribunal a fin de recibir completo, ver menguado o perder su galardón (2Co.5:10; 2Jn.8); y a esta altura , valga el inserto acerca del testimonio que dá la Escritura, de que son los santos los que habrán de juzgar a los ángeles y al mundo (1Co.6:2-3).
(g ) Pero la acción que presenta quizá su disimilitud mas hermosa cuando se la compara con la reunión de Israel efectuada por los ángeles, la vemos en el arrebatamiento de los santos en donde el Texto bíblico se esfuerza por aclarar que será "el Señor mismo " Quien recogerá a la Iglesia (1Ts.4:16). En las infalibles palabras que el Hijo de Dios pronunciara antes de Su muerte y resurrección "Os tomaré a mí mismo " (Jn.14:3) no existe la mas leve sombra de alegoría. Los ángeles recogen a Israel... Cristo a Su Esposa.

Los ángeles en Apocalipsis.
Volviendo al tema que nos ocupa, ahora toca decir que el Libro de APOCALIPSIS exhibe no solo una actividad angélica profusa sino también formidable en cuanto a la magnitud que ocupa a estos seres supernaturales.
Se puede puntualizar que Dios se sirve allí de los ángeles para (a ) manifestar la profecía (1:1; 22:6); (b ) mediar la exhortación a las distintas iglesias (2:1,8,12,18; 3:1,7,14); (c ) pregonar la apertura del Libro celestial (5:2); y también (d ) mostrar su portentosa autoridad sobre las fuerzas de la naturaleza (7:1-2).
Son los ángeles quienes (e ) sellan a los siervos de Dios (7:3) y los que (f ) suenan las trompetas del juicio (8:2); los que (g ) tienen poder para matar a los hombres en la tierra (9:15) y en el cielo (h ) expulsar a Satanás y sus ángeles (12:7-9).
Y finalmente son estos poderosos mensajeros divinos los que (i ) los que anuncian el eterno y justo juicio de Dios (14:6-7); los que (j ) vendimian la tierra (14:18-20); (k ) derraman las copas de la ira divina (16:1) y (l ) los que arrestan y encadenan a Satanás por mil años (20:1-3).

Los ángeles en las Epístolas Paulinas.
No obstante la importancia ministerial que registra el Texto apocalíptico, en un estilo de significativa controversia, todo el Cuerpo de la Teología Paulina muestra en la calificación de la palabra ajggevlou (= ángel) una exiguidad de citas cuando se la compara con APOCALIPSIS. (En éste último, la palabra "ángel" es citada 67 veces -VOG/SBU- mientras que en todas las EPISTOLAS sólo se menciona 12). Pero si la diferencia numérica es notable, su comparación en el contexto calificativo es asombroso.De esta docena de oportunidades, Pablo no cita ni una sóla vez a los ángeles en relación con alguna actividad en el ministerio de la Iglesia. En un rápido recuento es posible observar cómo el apóstol informa a los fieles en Roma que "ni aún ángeles" -entre otros- podrán apartar al creyente del amor de Dios (Ro.8:38); a los corintios les declara que los apóstoles habían sido puestos por espectáculo ante los ángeles (1Co.4:9); que los santos habrán de juzgarlos (1Co.6.3); que la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza por causa de ellos (1Co.11:10) y la final cita ilustrativa (2Co.11:14).
Pablo enseña a los gálatas que los ángeles actuaron como mediadores en la entrega de la Ley a Israel (Gá.3:19); hace una mención alegórica (Gá.4:14) y junto con los santos de Colosas les advierte solemnemente acerca de las falsas doctrinas que se tejían respecto a su inapropiado culto (Gá.1:8; Col.2:18).
Se los menciona a la Iglesia de Tesalónica cuando les instruye acerca del Advenimiento (2Ts.1:7); y finalmente en sus Epístolas Pastorales los refiere dentro de un concepto de obtestación (1Ti.5:21) y el que registra en "el misterio de la piedad" (1Ti.3:16).

Alcances y limitaciones angélicas.
Ante tales notables extremos, se reitera el criterio inicial acerca de la necesidad de observar en la mediación angélica de la acción divina un acto casi extraño para la Iglesia de Cristo, por cuanto notabilísimas disimilitudes se presentan en las narrativas de la acción angélica de APOCALIPSIS cuando se comparan con EPISTOLAS.
Se ha podido comprobar así cómo, por una parte, se exhalta la actividad, importancia ministerial y poder de los ángeles, y en donde se cumplen mejor que en ningún otro lugar de las Escrituras las palabras del salmista "Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles. Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo a la voz de su precepto" (Sal.103:20); mientras que en EPISTOLAS quedó demostrado cómo su importancia se ve menguada, su actividad neutralizada, y las glorias que por el Espíritu Santo enviado del cielo reciben los santos de la Iglesia de Cristo para hacer la obra del ministerio, son.... "cosas en las cuales los ángeles anhelan mirar (1P.1:12).

VI
ECLESIOLOGIA

La doble aplicación de ejkklhsiva.
Por cuanto en esta tesis se ha afirmado que el mensaje de APOCALIPSIS no está dirigido a la Iglesia de Cristo, el presente capítulo dedicado a la Eclesiología tocará la parte mas conflictiva de la obra, pues es verdad que APOCALIPSIS debía ser "enviado a las siete iglesias de Asia" (Ap.1:4,11) y no es menos cierto que tal palabra -ejkklhsiva- se halla registrada en su Texto en veinte oportunidades.
A modo de paréntesis, permítasenos decir inicialmente que, debido a la intransigencia resultante por la ardiente y justa defensa del Dispensacionalismo ante los erróneos postulados de la llamada "Teología del Pacto", la idea de la existencia de una iglesia israelita se vió paulatinamente atenuada hasta casi desaparecer.
En sus legítimos y bien fundamentados deseos por vindicar las Santas Escrituras, los teólogos dispensacionalistas expusieron las notables diferencias que existen entre el plan de Dios para Israel y la Iglesia, y se plantaron firmes en el hecho cierto del nacimiento de la Iglesia en el día de Pentecostés (Hch.2).
Sin embargo, al ejercer esta defensa, -e involuntariamente claro está- se fué desvirtuando el también hecho cierto de que otra iglesia existía ya quince siglos antes del Pentecostés cristiano, y así, con el correr del tiempo, la palabra "iglesia" en su aplicación a la comunidad israelita, resultó siendo sustituída bien por "asamblea" o "congregación", aún en pasajes donde es evidente su valor literal.
El alejamiento de la idea que infiere la existencia de la iglesia israelita es precisamente lo que constituye uno, sino el mayor de los obstáculos del Dispensacionalismo para interpretar APOCALIPSIS justamente, pues al confrontarse con el abundante registro de ejkklhsiva en este último Libro de la Biblia, los intérpretes concluyen erroneamente que se trata de la Iglesia de Cristo.
En esta obra se dirige de inmediato la atención del estudiante acerca de la doble aplicación que, en este sentido, la Biblia otorga a la palabra ejkklhsiva.
Evaluando su significado básico, se establecerán las diferencias entre su uso para Israel (A.T.; Mt. 18:17; Hch.7:38; y Stg.5:14) y su aplicación para la Esposa, el Cuerpo de Cristo (Mt.16:18; HECHOS y EPISTOLAS) con el propósito de obtener resultados comparativos que ayuden a esclarecer e identifiquen la ejkklhsiva a la cual APOCALIPSIS se refiere.

La iglesia israelita en el Antiguo Testamento.
La Versión Griega del A.T. (LXX), utiliza la palabra ejkklhsiva casi un centenar de veces como traducción directa de la palabra hebrea lh;q; (q'hal). A diferencia de su aplicación en el N.T., en el cual describe aspectos cualitativos de un cierto y determinado grupo, ejkklhsiva es utilizada en el A.T. con el propósito de identificar una comunidad determinada, aplicando dicha palabra indistintamente a hombres de esa comunidad reunidos por diversos motivos.
Era el pueblo y el propósito lo que daba el significado a la ejkklhsiva israelita. De esta forma, la "iglesia" podía ser convocada por motivos (a ) militares (Jue.20:1-2); (b ) cívicos (1R.12:1-4) o (c ) religiosos (1R.8:14,22,55,65).
Igualmente, ejkklhsiva es empleada tanto respecto a (d ) aquellos reunidos para hacer el mal (Sal.26:5) como los que lo hacían (e ) con el propósito de adorar a Dios (2Cr.30:13).
Pero fué la (f ) reunión de Israel delante de Dios en Horeb (Dt.4:10; 9:10; 10:4; 18:16) la ocasión que sirvió inicialmente para definir su significación como iglesia.
Una vez dentro  de la tierra prometida, Israel se reunió como ejkklhsiva para (g ) "oír la Ley de Moisés" (Jos.8:35; Neh.8:1-2,17).

La iglesia israelita en el Nuevo Testamento.
En EVANGELIOS, el Texto del N.T. registra tres veces la palabra ejkklhsiva, y esto siempre en labios del Señor Jesús. Los pasajes son:
"Y yo también te digo, que tu eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mt.16:18).
Y:
"Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, ténle por gentil y publicano" (Mt.18:17).
Cuando se tiene en mente una sóla clase de iglesia, la exposición se torna particularmente embarazosa y una dificultad se presenta en primer término por el hecho de que los dos pasajes parecen no tener consonancia uno con otro, pues se ha de presumir que en el primer caso (16:18), se trata sin duda alguna, de la Esposa, el Cuerpo de Cristo, mientras que en el segundo (18:17), el Texto hace una clara referencia a la sunagwghv (= sinagoga) local.
¿Cómo explicar entonces el uso de ejkklhsiva en ambos casos? Si persiste la idea de que ejkklhsiva es aplicable unicamente a la Iglesia de Cristo, la interpretación se vé forzada a establecer una relación mutua entre "iglesia" y "sinagoga", lo cual no es.
Si en cambio se presume la existencia de una iglesia israelita, distinta de aquella que Jesús llegaría a edificar después de Su resurrección, entonces, no sólo los pasajes citados armonizan sino que todo el vigor de la expresión "edificaré mi iglesia" (futuro activo y adjetivo posesivo ) alcanzan su plena significación.
Tal interpretación se halla respaldada por el hecho de que, muy bien sabía el Señor Jesús que El habría de "derribar la pared intermedia de separación" existente entre judíos y gentiles para formar una misma Iglesia (Ef.2:14). Es dificil entonces pensar que Jesús se estuviera refiriendo a Su iglesia cuando enseñaba a desechar como publicanos y gentiles a aquellos judíos que no se arrepentían (18:17b).
Con esto, el Maestro procura enseñar aquí la dualidad de aplicación de la palabra ejkklhsiva, esto es (a ) respecto a la compañía de santificados que lograría con Su muerte, sepultamiento y resurrección (Mt.16:18) y (b ) respecto a la iglesia israelita existente (Mt.18:17).
Tal mención es confirmada en Hch.7:38 en donde el pueblo de Israel, guiado en el desierto por Moisés, recibe denominación directa de ejkklhsiva (VOG). Aunque esta no es una cita literal del A.T. hay sin embargo cierta alusión a Dt.9:10 (Mas.lh'q' - LXX ejkklhsiva).
Otra clara mención de la iglesia israelita en el N.T. se halla expuesta en la Epístola de Santiago Apóstol, la cual, habiendo sido dirigida a "las doce tribus en dispersión" (1:1), obviamente tenía que abarcar tanto a "hermanos" (1:2,16,19; 2:1,5,14; 3:1; 5:7,19) como a "hombres vanos" (2:20); "almas adulteras" (4:4); "jactanciosas y soberbias" (4:13-17), así como a los "ricos opresores" (5:1-6).
Esta Epístola identifica y describe con absoluta claridad a sus destinatarios y no hay motivo para confundirlos con la Iglesia de Cristo. Sólo así es posible comprender que la expresión de 2:2 (VOG) "...si alguno entra en vuestra sinagoga" establece un vínculo inalienable con 5:14 "...llame a los ancianos de la iglesia " que señala expresamente a la comunidad israelita como ejkklhsiva.

La Iglesia en las Epístolas Paulinas.
Es vital para el cristiano ser consecuente con aquellas maravillosas verdades que engendra en su corazón el estudio repetido y constante de la Sagradas Escrituras, de manera tal que cuando arriva ante una aparente discrepancia escritural, su espiritualización o subjetivización sea el último recurso interpretativo, ya que estas disimilitudes actúan, en la mayoría de los casos, a favor del intérprete como provechosas luminarias en la tarea de sistematización teológica.
En todo el Cuerpo de la teología Paulina son varias las analogías expresivas acerca de la Iglesia de Cristo. Al apóstol Pablo le fué revelado en forma directa y completa la excelsa posición y las inescrutables riquezas del Grupo de santificados que atienden al "supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil.3:14).
Mucho es lo que las EPISTOLAS dicen respecto al gran tema de la Iglesia. Sin embargo, por razones de oportunidad, solo incluiremos aquí en forma sucinta la descripción de lo que se considera mas útil de la idea Paulina de la Iglesia respecto a los conceptos que emite esta obra.
Lo que se habrá de exponer es conocido por muchos, pero se resalta con el propósito de mantener fresco un pensamiento con el cual habremos de ser consecuentes mas adelante, para que, cuando se evalúe el carácter y la posición de los miembros de la ejkklhsiva que describe APOCALIPSIS, se mantenga sin fluctuar la posición entendida aquí.
Entrando al tema, se observa en la revelación dada a Pablo respecto a la Iglesia, en primer lugar, un enlace o un vínculo de pertenencia entre Dios y la compañía de creyentes que la conforma. Las expresiones "la iglesia de Dios"; "la iglesia de Cristo"; la iglesia del Señor" o la combinación de ambas "las iglesias de Dios en Cristo Jesús" (1Co.1:2; Ro.16:16; 1Ts.2:14; Hch.20:28) implican siempre a una compañía de seres electos por y para Dios. ¿El propósito? Que ellos sean objetos receptores de la misericordia divina y por esto puedan anunciar eternamente las abundantes riquezas de la Gracia (Ef.1:3-14).
De una manera esencialmente distinta a las recompensas que pueden causar los méritos humanos, Pablo declara cómo esta asamblea de santificados ha recibido gratuitamente el don de la fé como único requisito para ser salvos y tener vida eterna (Ef.2:8; Ro.6:23).
Cada uno de este especial grupo de personas que conforma la Iglesia, es hecho hijo de Dios por medio de un nuevo nacimiento al impartírsele la nueva vida en el acto de regeneración (Tit.3:5), siendo habitado por el mismo Espíritu de Dios (1Co.3:16) e introducido por medio de Su bautismo en el Cuerpo de Cristo (1Co.12:13).
Este Cuerpo -prosigue la revelación divina- constituye al mismo tiempo la virgen y pura Esposa de Cristo (2Co.11:2) cuyo glorioso destino se halla cifrado en valores celestiales, vestida de un nuevo cuerpo inmortal, semejante al de su Salvador resucitado (Fil.3:21) a fin de compartir Su herencia y poder ver la gloria misma de Dios (Jn.17:24; Ro.8:16-17).
En la enseñanza Paulina a la Iglesia, vemos a sus integrantes como unos seres que ya han sido conocidos, predestinados, llamados (con efectivo llamamiento), justificados y glorificados por medio del Decreto inmutable de Dios (Ro.8:29-30), a fin de que obtengan la incorruptible herencia celestial (Ef.1:14-18); todo esto gratuitamente, sin que el escogido tenga que hacer, o haya hecho absolutamente nada para merecer tales inmensurables favores (Ro.3:24; 6:23; Ef.2:4-5).
De allí en adelante , y sin que estas bendiciones (que pertenecen en su aplicación a la Voluntad de la Gracia Divina) puedan ser vulneradas, al creyente se le exhorta a "andar en el Espíritu" (Gá.5:16,25) conforme a tán glorioso llamamiento (2Ts.1:11; Fil.3:14) y a correr la carrera por su galardón a fin de que pueda recibirlo completo (1Co.9:24-27).
Tales son, cristiano lector, la posición y las posesiones (entre otras) con las que hay que ser consecuentes. ¡No sin razón la Palabra de Dios nos instruye añadir al conocimiento, dominio propio! (2P.1:6a).

Las 7 iglesias de Apocalipsis.
Al iniciar el comentario acerca del dramático contraste que exhiben los mensajes a las iglesias de APOCALIPSIS cuando se comparan con la doctrina Paulina de la Iglesia, ratificamos el criterio en el sentido de que, con la extracción dispensacional de sus tres primeros capítulos, y por aceptar el mensaje a las 7 iglesias como si este fuera para la Iglesia de Cristo, una peligrosa trampa interpretativa se accionó, y ésta fué la inevitable conclusión de tener que llegar a considerar a la Iglesia dentro de la gran tribulación.
A su vez, esta errada noción, puso a la doctrina de la eterna seguridad del creyente en un considerable atolladero. De allí que los ojos de muchos eruditos bíblicos, ansiosos por sacarla de ese terrible tiempo de juicio, se posaron en el registro de APOCALIPSIS 3:10 ...
" te guardaré de la hora de la prueba"
Este versículo ha sido ciertamente objeto de variadas y extensas exposiciones, las mejores sobre puntos de vista filológicos que hoy nos lucen un tanto débiles, y por medio de ellas se trató de "remover" a la Iglesia del sitio donde aquellas erróneas interpretaciones la habían antes colocado.
Es verdad que la iglesia de Filadelfia recibió la promesa de ser guardada "de la hora de la prueba" pero lo que se discrepa en esta tesis es la inferencia que presupone que esto sea el arrebatamiento de los santos.
La Biblia nada dice acerca de que tal preservación será en el cielo; si así fuera, habría entonces que presumir la división del Cuerpo de Cristo, ya que sólo una de las siete iglesias, o sea, una parte de los creyentes lograría su salvación y la base de tal salvación sería, en última instancia, los méritos humanos (3:8,10), lo cual nos llevaría a otro atolladero doctrinal: la salvación por medio de las obras...
En cambio, si con una actitud libre de prejuicios se acepta que la iglesia de Filadelfia es una formada por israelitas fieles, que han sabido guardar la palabra de la paciencia de su Mesías aún hasta la cuarta vigilia, y que tal preservación en lugar de ser en el cielo será en la tierra, entonces es factible relacionar esta parte del Texto con los acontecimientos que describe APOCALIPSIS 12:14.

Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila,
para que volase de delante de la serpiente al desierto, a
su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos,
y la mitad de un tiempo.

Ahora bien, por cuanto la "mujer" del capítulo 12 es Israel sin lugar a dudas (comp. Ap.12:1 con Gn.37:9-10 y Ap.12:5 con Ro.9:4-5) y por cuanto la detenida cuádruple comparación entre Ap.3:10 con 12:14 y Ap.17:12 con 13:5 arroja suficiente luz como para relacionar tal hora con la duración de la gran tribulación, es posible entonces inferir que es la iglesia de Filadelfia la que será guardada de la hora de la prueba cuando vaya al refugio que Dios le ha preparado.
Esa hora es la misma hora en que los reyes de la tierra recibirán autoridad y poder junto con el anticristo. Será en ese tiempo cuando los israelitas que supieron aguardar a su Mesías recibirán las "dos alas de la gran águila" las cuales son símbolo de la misma protección y providencia divinas que guardaron a Israel en el desierto (comp. Ap.12:14 con Ex.19:4).
Entonces, como en los días del Éxodo, la iglesia de Filadelfia irá nuevamente al desierto a fin de "ser guardada de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero".



VII
TIPOLOGIA

De la disciplina tipológica.
En las tareas de interpretación de las Sagradas Escrituras, la Tipología ha sido motivo de innumerables conflictos a través del tiempo. Esta parte de la revelación bíblica no solo ha sufrido excesos a manos de amigos , sino que también ha sido lamentablemente descuidada por aquellos que, en respuesta a sus conocimientos, hubieran podido ejercer alguna defensa en la utilidad de su aplicación.
La importante verdad que el Texto Sagrado muestra en los tipos, puede ser, y efectivamente ha sido edificante en muchas ocasiones (¿Qué mente regenerada podrá dejar de sentir embeleso al comprender -como se ha visto en el capítulo anterior- que la suave negativa de Rebeca a permanecer diez días en casa de sus padres (Gn.24:55-58) constituye un tipo que garantiza la partida de la Iglesia antes del comienzo del período de la gran tribulación?... Y así se complació Dios de anunciarlo por medio de un tipo cuatro milenios antes de su cumplimiento!).
Otro extenso y precioso modelo tipológico lo encontramos en el "Tabernáculo de Reunión". En él se hallan tipos que, por la autoridad del N.T. (He.9:1-24) permiten ver anticipadamente a Cristo y Su obra con riqueza de fuerza y sentido, en tanto que Su obra misma  otorga al Tabernáculo toda su maravillosa significación y lo eleva al superior estrato de lo que es inmarcesible y eterno.
La Tipología siempre será edificante; es el propósito de Dios que así sea. Pero esto será toda vez que los esfuerzos interpretativos se hallen sujetos a la autoridad latente en la Palabra de Dios y no sueltos en los tumultuosos mares de la vanidad y especulación humana.
Los conflictos en esta importante disciplina se suceden cuando los exponentes pretenden aplicar autoritariamente sus enseñanzas según pseudo-revelaciones o a causa de opiniones tomadas de fuentes tradicionalistas o apócrifas, según su personal parecer, y que en la mayoría de los casos prueban ser extra-bíblicas. Esto pareciera obedecer a alguna recóndita y torcida inclinación del corazón del hombre (Jer.17:9) que lo lleva a amar más el ser oído en su propia opinión, que el hacer oír la opinión misma de la Palabra de Dios.
¡Permita Dios que podamos ser consecuentes con la intención del principio!
Se procurará, pues, con Su ayuda, enlazar en el último capítulo de esta tesis las verdades que unen algunos tipos de APOCALIPSIS con sus respectivos anti-tipos, recurriendo para ello unicamente al trazado de las Santas Escrituras.

El título "Hijo del Hombre" (1: 12-13).
Existe un ámplio campo de investigación doctrinal en las implicaciones que plantean los títulos "Hijo del Hombre" e "Hijo de Dios" , y el estudiante bíblico pudiera hallar reconfortantes recompensas al analizar y diligentemente comparar tales títulos como posibles extremos (p.ej. comp.Jn.8:36; 5:25 contra Jn.5:27-29).
En no menos de ochenta oportunidades, el Señor Jesús se designa a Sí mismo como el "Hijo del Hombre"  en relación con Su manifestación, muerte, resurrección y juicio venidero.
Esquematizando su ministerio, es posible ver cómo fué el Hijo del Hombre el que (a ) descendió del cielo (Jn.3:13; 6:62) para (b ) sembrar la buena semilla (Mt.13:37) y (c ) buscar y salvar lo que se había perdido (Lc.19:10).
El Hijo del Hombre es quien (d ) tiene autoridad para perdonar pecados en la tierra (Mt.9:6) y aquel que (e ) dió su vida en rescate por muchos (Mt.20:28 ).
Fué también el Hijo del Hombre el que (f ) descendió al corazón de la tierra (Mt.12:40) y quien (g ) resucitó entre los muertos (Mt.17:9,22-23).
Pero mas que la identificación de un tipo, lo que se propone resaltar aquí es la estrecha vinculación que este Personaje guarda con el futuro juicio universal y con las iglesias que describe APOCALIPSIS.
Y por estar seguros que esta  actividad judicial  que reviste al "Hijo del Hombre" puede arrojar considerable luz en el nexo que Él guarda con las iglesias de APOCALIPSIS, tal será el objetivo de este punto:  Resaltar la parte Su ministerio que lo relaciona con el  juicio  escatológico venidero (Jn.5:22-27).
En su visión apocalíptica (1:12-16), el siervo Juan parece enfatizar, mas que la personalidad del Hijo del Hombre, la terrible y sobrecogedora investidura de Su oficio.  La majestad expresada por la nívea blancura de Su cabeza; el omniciente fuego escudriñador de Sus ojos; la voluntad que expresa Su estruendosa voz; la autoridad de Su diestra; la espada aguda que sale de Su boca; la fuerza omnipotente de Su rostro y finalmente el fulgurante bronce de Sus pies, muestran el inequívoco paradigma del Juez del Universo, ante el Cual muy pocos serán tenidos por dignos de estar en pié (Lc.21:36).
Otro importante registro bíblico que destaca la actividad judicial del Hijo del Hombre se encuentra en la porción que corresponde al Evangelio de S.Juan (9:35-40). Para observar ésto, no obstante, es imprescindible tomar en cuenta la variante textual del vers. 35 en donde los mejores Manuscritos registran uiJovn tou` ajnqrwvpou (= el Hijo del Hombre , ¸66; ¸75 a B D W ; NTG/SBU, 3ºEdic. 1975).
De no menos importancia es el efecto que causó la presencia del "Hijo del Hombre" en quienes le vieron develado, cuando se compara con la reacción que produjo entre Sus discípulos el Cristo resucitado.
El efecto primero se halla descrito en las experiencias de Daniel (10:5-19), de los discípulos en la transfiguración del Maestro (Mt.17:1-4 >Mr.9:6> Mt.17:5ss) y de S. Juan en su visión apocalíptica (1:17) lo cual produjo en todos ellos la postración inmediata, seguida por un sentimiento de temor, temblor y desfallecimiento que necesitó la ayuda del "Hijo del Hombre" para recobrar fuerzas.  Ahora, al comparar esta experiencia con la postrera, ¡cuán diferente reacción de ardiente edificación y gozo inefable produjo la presencia del Salvador resucitado en el corazón de los asombrados discípulos! (Lc.24:32,41).
Pero el pasaje que se muestra particularmente edificante cuando se estudia comparativamente el carácter distintivo de los títulos "Hijo del Hombre" e "Hijo de Dios", se encuentra en la narrativa de Mateo 16:13s.s. en la cual los discípulos se encuentran una vez más ante otra de las enigmáticas preguntas de su Maestro. Esta vez Él les inquiere: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?... y vosotros, ¿quién decís que soy yo?".
Ya de entrada, es notorio el cambio que el Señor introduce en su interpelación. Cuando inquiere la opinión de los hombres el nexo es hecho respecto al Hijo del Hombre ; pero cuando demanda respuesta de Sus discípulos, la pregunta es deliveradamente cambiada por "¿Quién decís que soy yo ?" (v.16). De esta forma, Jesús deja abierta la respuesta a la voluntad del Padre. ¿Contestarían ellos acaso que Jesús era el Hijo del Hombre...?
Con su respuesta (v.17) Pedro y sus compañeros llegaron a ser bienaventurados, pues Dios les reveló la sublime verdad que Jesús era Su Hijo , afirmación que los asociaba con la gracia venidera y no con el juicio inherente al Hijo del Hombre. La revelación divina adelanta así la posición de los discípulos como participantes de llamamiento superior (Fil.3:14) y como integrantes de una Iglesia, aún por edificarse, ante la cual las puertas del infierno no habrían de prevalecer (v.18).
Trágico en verdad es el antitético ejemplo que presenta el caso de Caifás y los ancianos de Jerusalén (Mt.26:63-64). El sumo sacerdote, al conjurar a Jesús para que le declarase si era el Hijo de Dios , recibió como respuesta lo que fué el anuncio del juicio inmanente: "...desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo" (v.64).
A Pedro le fué revelado el Hijo de Dios; Caifás tendrá que presentarse delante del Hijo del Hombre. Bienaventuranza por gracia y juicio por méritos. La dádiva y las obras expresadas por medio de dos nombres: Hijo de Dios  e Hijo del Hombre.

A esta altura, es necesario fijar la atención sobre un detalle escritural de significativa importancia que no debe pasar por alto cualquier estudiante que pretenda conocer las verdades que encierra APOCALIPSIS. A saber, la ausencia absoluta del título "Hijo del Hombre" en EPISTOLAS.
.Su prolífera mención en EVANGELIOS contrasta notablemente con su omisión total en el mensaje Epistolario. ¿Porqué el Espíritu Santo omitió la expresión "el Hijo del Hombre" en esta parte de las Escrituras? En ésto, pensamos que el Texto Sagrado se esfuerza por indicar algunas importantes verdades doctrinales
Para ello, y a fin de ilustrar lo que venimos tratando, se cita el ejemplo paralelo que presentan las palabras "Jehová" y "Jesús". La primera aparece registrada no menos de seis mil veces en el A.T. mientras que en el N.T. no se la menciona ni una sóla vez. Ocurre lo contrario en el caso de la palabra "Jesús", la cual, siendo citada en más de ochocientas oportunidades en el N.T., no se nombra en absoluto en el Antiguo.
Este contraste es útil para amplificar la comprensión del estudiante bíblico acerca de un importante propósito en el Plan de Salvación. Considerémoslo.
La etimología del nombre "Jehová" se desprende como "El que existe en Sí mismo y se revela en Sí mismo" pero la palabra hebrea es activa, va más allá, y expresa también la idea de "llegar a ser conocido por Sus obras".
Por otra parte, "Jesús" significa "Salvador" o más especificamente "Jehová salva".
Ahora bien, siendo que "fuera de Jehová no hay quien salve" (Is.43:11) se puede inferir con toda certeza (y no nos detendremos aquí para una larga comprobación escritural) que el "Jesús" del N.T. es, ni mas ni menos que el "Jehová" del Antiguo y vice-versa.
De esta forma, Jesús, siendo la salvación de Jehová aún por manifestarse, no podía registrarse en el A.T., en tanto que "Jehová" habiéndose ya manifestado plenamente en Jesús (Jn.14:9), no debe de ser citado en el N.T.
Similares circunstancias que relacionan al "Hijo del Hombre" con el juicio universal en cierne, impiden que éste título pueda hallarse registrado en los mensajes dirigidos a aquellos santos de la Iglesia de Cristo, cuyas obras pecaminosas ya fueron juzgadas y pagadas por "la sangre de Su cruz" (Col.1:20).
Una vez como ha sido aclarado el valor doctrinal de éste conflictivo título, conviene regresar la atención a los primeros capítulos de APOCALIPSIS (1:12-13a; 2:1b) en donde se observa al "Hijo del Hombre" andar en medio de las iglesias... Siendo pues consecuentes con la relación que guarda tal Personaje con un juicio inexorable y sin misericordia veámoslo pasearse detenidamente entre las iglesias apocalípticas. Son pies de bronce los que andan entre ellas... y son ojos con llamas de fuego los que las observan!
¿Será acaso ésta la relación que los inspirados Apóstoles describen en sus Epístolas acerca de la infinita ternura de Cristo para con Su Esposa? (2Co.10:1; Ef.5:25-27) Ciertamente no.
¡Gracias a Dios que como a Pedro, Él reveló a Jesucristo Su Hijo en nuestro corazón!

Los veinticuatro ancianos (4:4,10-11; 5: 8-10).
La clásica interpretación sobre estos "veinticuatro ancianos" ofrecida por algunos y aceptada por muchos teólogos dispensacionalistas de la actualidad, puede resumirse en las declaraciones de F.C. Ottman y L.S. Chafer. Respecto al tema ellos escriben:

"Debería haber muy poca discusión sobre la identificación de estos ancianos coronados. Ellos constituyen la unidad del sacerdocio real profetizado así de Israel como de la Iglesia. Aquí son vistos en una compañía redimida y glorificada. El profeta Daniel tiene una visión del tiempo cuando el Hijo del Hombre viene para tomar su reino, y en esa visión tronos son colocados, pero sin quienes los ocupen. La verdad es, que en los días de Daniel, aunque esos tronos estaban establecidos, estaban vacantes. Ahora hemos llegado al tiempo del cumplimiento de la profecía de Daniel, y los tronos están ocupados".
"Esta, realmente, es la identificación que se hace de estos ancianos por la mayoría de los expositores dignos. Por tanto, se llega a la conclusión de que los veinticuatro ancianos representan a los santos de la tierra que están en el cielo. Su alabanza los identifica y los revela cuando ellos cantan: "... y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra" (Ap.5:9-10).
Su propia declaración indica que ellos representan una inmensa multitud y que están en el cielo unicamente por la virtud de la sangre redentora de Cristo. La presencia de esta compañía en el cielo antes de la tribulación señala claramente la verdad de que ellos han sido arrebatados al cielo antes del principio de la hora de la prueba."14

Bien, es oportuno decir que quizá sí debería haber alguna discusión sobre el tema. En primer lugar, discrepamos del esfuerzo que trata de unir  al  sacerdocio israelita con la Iglesia de Cristo, o la combinación del viejo y nuevo Pacto a fin de dar coherencia interpretativa al número veinticuatro.

En esta tesis se afirma enfáticamente que tal pensamiento fué siempre extraño a la Iglesia Primitiva y que la unión de la Ley con la Gracia, las dádivas con los méritos continuarán diferenciados entre sí, aún en el cielo (He.12:22-24).
Por otra parte, los tronos puestos vistos por Daniel no parecen estar relacionados en forma alguna con los de los veinticuatro ancianos, sino mas bien con aquellos que refiere la parte final de APOCALIPSIS 20 cuya réplica anticipada está expresada por el profeta en la descripción del uso judicial de los tronos (comp.Dn.7:9,10,22 con Ap.20:4a).
En el caso que nos ocupa, los veinticuatro tronos se hallan ocupados por veinticuatro ancianos vestidos de ropas blancas y adornados con arpas, coronas y copas de oro. Sus atavíos son reales antes que judiciales, y sus funciones son de adoración antes que de intercesión.
Con respecto a que su alabanza es lo que los identifica , es preferible adoptar una actitud cautelosa vista la importante variante textual que exhiben los mejores Manuscritos Griegos. Ellos registran:

"... y cantan un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos;
 porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre has redimido para Dios,
 gente de toda tribu y lengua y pueblo y nación; y les has hecho un reino,
sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra"

Tal coro de presbutevrou¾ celestiales no justifica conclusiones de comunidades judías o de iglesias cristianas. Tampoco hay sugerencias textuales de que estos ancianos sean hombres redimidos y transfigurados como los descritos en APOCALIPSIS cpts.7 y 14. Al contrario, nuestro criterio es que podemos sacar tán pocas conclusiones acerca de la Iglesia por medio de estos presbíteros celestiales, como las que se pudieran sacar de los ancianos por medio de los a[ggeloi mediadores de las siete iglesias apocalípticas.
Reiteramos pues la afirmación anterior en el sentido de que APOCALIPSIS identifica directamente a los santos de la Iglesia unicamente como "La Esposa del Cordero"; verla más allá de esta clara descripción sin tener un sólido respaldo escritural, se convierte en mera teología especulativa.
¿Quiénes son, entonces, éstos veinticuatro ancianos? Aquí seguimos la mejor explicación de Bornkamm en el sentido de que "ellos constituyen una clase superior de seres angélicos que se encuentran más cerca del trono de Dios que otros, a los cuales se les hace partícipes de los secretos divinos. "Uno de los ancianos" ejerce sus funciones como angelus interpres (5:5; 7:13) y el vidente se dirige a él con el título imperial de kuvrio¾."
Estos veinticuatro ancianos sugieren un consejo de seres celestiales cuyo título de presbuvteroi se halla relacionado con el Apocalípsis post-exilium profetizado por Isaías (24:23) y cuyo modelo que mejor los describe en relación a su número y funciones se halla en los capítulos 24 y 25 del 1º Libro de las Crónicas de Israel dende los sacerdotes y levitas eran divididos en veinticuatro clases y recibían la denominación de príncipes (1Cr.24:5) y de ancianos en el judaísmo posterior (Yoma 1:5; Tamid 1:1; Midrash 1:8).
Las labores de adoración y alabanza de los cantores del templo "que profetizarían con arpas, salterios y címbalos" constituye la muestra escritural más cercana a las funciones de los veinticuatro ancianos de APOCALIPSIS (comp.1Cr.25:1 con Ap.5:8).

El jinete del caballo blanco (6: 2).
No poca discusión ha originado a través del tiempo la identificación del personaje que describe este corto verso de la Escritura.
Por una parte, el número de los que ven en éste jinete a Cristo, mengua día por día; sin embargo, aquellos que acertadamente lo han identificado con el anticristo, no han podido producir hasta el presente (al menos el autor no la conoce) una prueba escritural contundente que dé por terminada la polémica.
Creemos que tal base escritural, sólida e inobjetable existe; y así como el trazo de Gn.37:9 s.s. > Mt.1:1 > Ro.9:5 > Ap.12:1 identifica a Israel -y solamente a Israel- como "la mujer vestida del sol", así mismo existen algunas porciones bíblicas que definen con exactitud a éste no más misterioso jinete.
Para entenderlo , se inica el trazo bíblico respecto a Satanás en su propósito por ser igual a Dios (¡Ojalá que tal intento lo fuera en cuanto a Su amor y misericordia!). Pero el anhelo satánico es por conseguir adoración y poder. Este "mimetismo" se halla expresado en la Santa Biblia en no menos de cinco modelos, que son: (a ) el propósito por ser adorado (Mt.4:9-10); (b ) la entrega de su autoridad al anticristo (comp.Mt.28:18+Ap.3:21 con Ap.13:2); (c ) la forma de identificar a sus seguidores (comp. Ap.7:3+14:1 con 13:16-17); (d ) la apariencia de la resurrección (Ap.13:3-4) y (e ) la fugáz instauración de la trinidad (Ap.13:2,4,11-13). ¿Se comienza a vislumbrar alguna sospecha respecto al color del caballo? (comp.6.2 con 19.11).
Así, la idea de similitud e imitación se torna esencial para entender lo que venimos tratando. De Satanás está escrito su pensamiento: "... Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo" (Is.14:13-14).
Una vez establecido con claridad el deseo de Satanás por ser igual a Dios, es necesario detener nuestra atención por un momento en el arco que sostiene el jinete comparándolo al mismo tiempo con el arco que describe la porción de Oseas 1:5 donde leemos: " Y en aquel día quebraré yo el arco de Israel en el valle de Jezreel".
El súbito giro del trazo desde APOCALIPSIS a Oseas puede parecer arbitrario, pero el lector avezado reconocerá de inmediato en la expresión aquel día al "día grande y espantoso de Jehová" que describe el profeta Joel y asi mismo no verá en el valle de Jezreel a ningún otro sino al apocalíptico Armagedón.
Pero... ¿porqué Dios habrá de quebrar precisamente el arco de Israel ? Para descifrarlo, es necesario dar una mirada cuidadosa a la descripción que hace APOCALIPSIS de los doce mil sellados de las tribus de Israel (7:4-8). 
A modo de paréntesis, permítasenos ahora guiar el enfoque respecto al abundante registro bíblico en torno al origen hebreo del anticristo. Que "el hombre de pecado" es un israelita se hace evidente en muchas partes de la Biblia (aquí discrepamos de los que afirman que el anticristo es un gentil).
 Muestra de tal criterio se corrobora en el Libro de Daniel donde es posible observar el empeño del Texto en el uso y aplicación de las palabras "Dios"  y "dios"  (p.ej.1:2; 2:23,47; 3:15-18,29; etc.) por medio de las cuales, y en no menos de setenta oportunidades, el Libro procura guiar a la indefectible conclusión del origen hebreo del anti-cristo (comp. esp. Dn.2:23 con 11:37-39).
Volviendo nuevamente al pasaje de APOCALIPSIS 7:4-8  se pueden observar interesantes y reveladores detalles como los siguientes: (a ) Dan no es mencionado entre las tribus de Israel (Manasés lo reemplaza, posiblemente para cumplimiento de Gn.48:22) y (b ) Judá  -y no Rubén, Simeón o Leví- encabeza  el listado de los sellados (comp.Gn.49.3 s.s. para el órden de secuencia).
De manera que, "propósito de imitación" ; "ausencia de Dan"  y "primacía de Judá" son los factores que se han de tener en mente antes de proseguir.
La rivalidad profética entre Judá y Dan es antiquísima y, claro está, trasciende a la simple relación natural de ambas tribus. Al comparar las porciones que siguen, se podrá comprobar cómo la Escritura traza desde su génesis, no sólo la Admirable Persona que es Jesucristo, sino también la de su apocalíptico oponente: el anticristo.
Tal paralelismo bíblico se inicia con el registro referente al cachorro de león  del primer Libro de la Biblia (Gn.49:9), el cual emerge incuestionablemente como el León de la tribu de Judá del Ultimo (Ap.5:5).
Ahora bien, dentro la misma profecía de Jacob, su quinto hijo Dan vendría a ser "serpiente junto al camino ,vívora junto a la senda" (Gn.49:17); presentándose hasta aquí los tipos sin conflictos aparentes: "Cachorro de león" Judá; "vívora y serpiente" Dan.
Sin embargo, un cambio importante es introducido con la profecía de Moisés acerca de los hijos de Israel al decir: "Dan es cachorro de león que salta desde Basán" (¿?) (Dt.33:22).
En abierta contradicción al tipo expresado por Jacob, la "serpiente" del Génesis sufre una asombrosa metamorfosis para convertirse así en el "cachorro de león" del Deuteronomio; y por no adjudicársele un nuevo tipo a Judá (33:7), el estudiante ha de afrontar ahora la existencia de dos cachorros de león.
Claro está que la contradicción no es tal pues lo que se propone la Escritura es mostrar proféticamente la semejanza aparente que asumirá el rival de Cristo. Además de esto, vemos cómo la apocalíptica figura de Satanás -el dragón (Ap.12:9), es adelantada en asociación con el anti-cristo como cachorro de león; y puesto que ambos infames personajes serán destruídos "con el resplandor" de la venida de Jesucristo (2Ts.2:8), el salmista anticipa en una maravillosa poesía el momento culminante de Armagedón cuando declara: "Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro de león y al dragón ! (Sal.91:13).

Otro importante detalle que reafirma lo antes expuesto, es el uso que la Escritura hace de la palabra norte.
Tal como se citó anteriormente, el profeta Isaías refiere la intención de Satanás de ser semejante al Altísimo y sentarse "a los lados del norte" (Is.14:13b).
En la Biblia, el norte es mencionado indirectamente como punto de oposición a Dios tanto en el cielo como en la tierra (comp. Ez.38:3,6+Is.14:13b). Es importante notar que el oriente -y no el norte- se define como el principal punto cardinal divino. En el hebreo bíblico, "adelante" significa el Oriente; "atras" significa el Occidente; "derecha" es el Sur e "izquierda" el Norte. De esta manera, los mapas bíblicos más antiguos muestran siempre a Tierra Santa ubicada hacia el Oriente. El norte es el punto cardinal por donde -espiritualmente hablando- Satanás orienta a su kovsmo¾.
Por ello está escrito que "Judá acamparía al oriente del Tabernáculo" (Nm.2:1-3) pero... "la bandera del campamento de Dan estaría al norte por sus ejércitos" (Nm.2:25). Así la Escritura identifica al anti-cristo como un descendiente de la tribu de Dan tipificado como el "cachorro de león que salta desde Basán" (Dt.33:22) y... Basán se halla al norte de Israel.

"Monte de Dios es el monte de Basán; Monte alto
 el de Basán. ¿Porqué observáis, oh montes altos,
 al monte que deseó Dios para su morada? Cierta-
 mente Jehová habitará en él para siempre"
                                                         Sal.68:15-17

Satanás infundirá el abominable anhelo de ser adorado, en su hijo, "la Bestia que sube del abismo", cuyo número natural de hombre (Ap.13:18) es el seis (Gn.1:27,31b), pero que por causa de su nefando y desnaturalizado propósito de llegar a ser divino, (1) "se opone contra Dios", (2) "sentándose en el templo de Dios"(3) "haciéndose pasar por Dios" (2Ts.2:4 TOG), y por ello llega a convertirse en "la abominación desoladora" (Mt.24:15) o sea el seiscientos sesenta y seis !

El "patio" del templo (11:1-2).
Es una verdadera lástima que en APOCALIPSIS 11:2 nuestra VRV haya traducido patio por aujlhvn cuando el sentido más apropiado conforme al contexto debería ser "atrio" (la V.M. traduce acertadamente "atrio").
La Versión LXX ha trasvasado aujlhv por dxej; (= atrio) en no menos de ciento veinte oportunidades e igualmente la VRV la ha hecho del Hebreo adecuadamente al utilizar la palabra "atrio" en muchas oportunidades y conforme al contexto, pero no así en el caso que nos ocupa.
La traducción actual opaca un tanto el sentido de APOCALIPSIS 11:1-2 pues con "patio" no es posible conjeturar acertadamente la intención del Texto en ésta porción de las Escrituras; en tanto que la expresión "el atrio que está fuera del templo" permite realizar un trazo escritural que resulta altamente provechoso para el estudiante.
Para así entenderlo, es necesario fijar atención en los capítulos 25 al 27 del ÉXODO donde se describe la construcción del Tabernáculo con sus materiales, su disposición y finalmente su significado. Para ello, se cita la lúcida declaración de C.I. Scofield al respecto:

«El significado tipológico de los materiales y colores del Tabernáculo se cree como sigue: Oro, la Deidad en su manifestación: la gloria divina; plata, redención (Ex.30:12-16; 38:27); bronce, símbolo de juicio, como en el altar de bronce y en la serpiente de bronce (Nm.21:6-9); azul, lo que es celestial en naturaleza u origen; púrpura, realeza; escarlata, sacrificio.
En términos generales, el N.T. explica el Tabernáculo indicando que este es un tipo en tres maneras (1) el Tabernáculo es un tipo de la Iglesia como habitación de Dios por medio del Espíritu (Ex.25:8; Ef.2:19-22); (2) el Tabernáculo es tipo del
creyente (2Co.6:16); el Tabernáculo es una figura de las cosas celestiales (He.9:23-24). En sus detalles, todo el Tabernáculo habla de Cristo: (a) El arca lo hace por medio de sus materiales: la madera de acacia (Ex.26:15) y el oro son el tipo de la humanidad y divinidad de Cristo respectivamente.
En su contenido, el arca es un tipo de Cristo en la siguiente manera: (a) Él tiene la ley de Dios en su corazón (Éx.25:16), el arca contiene el alimento (o porción) del pueblo del Señor (Éx.16:33); Él mismo es la resurrección, de la cual la vara de Aarón es un símbolo (Nm.17:10)...
Todo comienza por el arca, la cual, al completarse el Tabernáculo, es colocada en el lugar santísimo, porque en la revelación divina Dios comienza comienza consigo mismo y entonces pasa a referirse al hombre; así como en su acceso a la Deidad el hombre comienza consigo mismo y se mueve entonces hacia Dios en el lugar santísimo. El mismo órden se sigue en las ofrendas levíticas (Lv.1-5). Al acercarse a Dios, el hombre comienza en el altar de bronce -tipo de la cruz- donde se realiza la expiación a través del fuego del juicio...
El significado tipológico de las tablas (Ex.26:15) es una clara referencia a Cristo. La madera de acacia, la cual crecía en el desierto, es un símbolo adecuado de Cristo en su humanidad, en la que Él fué, según el profeta, "como raíz de tierra seca" (Is.53:2). Las tablas estaban cubiertas de oro, el cual es un tipo de la Deidad en su manifestación al hombre y simboliza la divina gloria. Cuando se aplica al creyente como individuo, el significado de las tablas es menos claro. La relación puede encontrarse en Jn.17:21-23; Ef.1:4,6; 1Jn.4:13.
Solamente si se ven "en Él" pueden las tablas considerarse como un tipo del creyente. Si se contempla así, el tipo es hermoso. Hallándose en el mundo -aunque separado de él por medio de la plata de la redención (Gá.1:4; Éx.30:11-16; 38:25-27) tal como las tablas estaban separadas de la tierra por medio de las basas de plata- y estando unido por "la barra del medio" (v.28) que representa tanto la vida en Cristo (Gá.2:20) como el Espíritu Santo (Ef.4:3), "todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor" (Ef.2:21 V.R.).
La plata simboliza la redención (Éx.25:1; 38:27). Todo el Tabernáculo descansa sobre la plata, con excepción de las cortinas de la puerta, que es el camino de acceso a Dios (Éx.27:17)...
El lino fino es comunmente un tipo de la justicia personal (Éx.26:1) y en las cortinas del atrio representa la clase de justicia que Dios demanda a aquellos que confiando en su propia justicia humana se atrevan a acercarse a Él. Hablando de términos simbólicos, puede decirse que Dios colocó las cortinas del atrio en Lc.10:25-28. El único medio de acceso al Tabernáculo era la "puerta" (Éx.27:16; Jn.10:9)...
En las cortinas del atrio (Éx.27:9), que representan la justicia práctica que Dios demanda en la ley y que por lo tanto excluyen a todo hombre de la gloria divina (Ro.3:19-20; 10:3-5) no hay colores entretejidos. Pero la "puerta" es Cristo (Jn.10:9), y en ella reaparecen los colores como en el velo interior (Éx.26:31).
Los capiteles y ceñiduras que sostenían las cortinas eran de plata (Éx.38:27), porque es en virtud de la obra redentora de Cristo, y no por causa de una vida justa (representada por el lino fino), que Él es nuestro camino de acceso a Dios; pero las columnas del atrio descansan sobre las basas de bronce y no sobre plata como en el caso de las tablas (Éx.26:19), y el bronce simboliza la justicia divina manifestada en juicio (Nm.21:9). La redención no solamente revela la misericordia de Dios, sino también vindica su justicia en el acto de mostrar dicha misericordia (Ro.3:21-26)»

Teniendo como buena base la exposición anterior, en esta obra se desea enfatizar que el Tabernáculo no presenta solamente una serie de símbolos aislados sino que éste representa el modelo de Cristo y Su obra. Como fuera expuesto, el Tabernáculo comienza por el arca y se mueve en dirección excéntrica, hacia las tablas y ... hacia el atrio.
Un detalle interesante es notar que el arca hacía contacto directo con la tierra. No así las tablas, que aunque hechas de los mismos materiales que el arca (oro y madera), se asentaban sobre basas de plata.
Se discrepa por lo tanto de la opinión insertada en el sentido que las tablas simbolizan a Cristo. El arca sí lo es, pero las tablas son un claro símbolo de los creyentes, los cuales, teniendo la misma esencia que su Salvador (1Co.6:17; Fil.3:21) han sido salvados (salvación representada por las basas de plata) . Dichas tablas se hallan unidas en torno por las barras exteriores  y la barra interor del medio (Éx.26:26-28) como un maravilloso tipo que expresa la unión indisoluble del Espíritu Santo con y en el creyente (Jn.14:17b; 1Co.12:13).
Dificilmente las tablas pudieran representar a Cristo, ya que el Autor  y Dador de la salvación no necesita ser salvo Él mismo. De allí la ausencia de la plata entre los materiales utilizados para construír el arca.
De esta forma, es posible ver a la Obra de Dios comenzar por el arca -Cristo Jesús- para luego seguir hacia las tablas -tipo de los creyentes que forman la Iglesia- todo cubierto por las pieles teñidas de rojo -símbolo de la sangre derramada en la cruz-.
Pero el Tabernáculo no termina allí. Continúa hacia el "atrio" el cual se hallaba formado por cortinas de lino retorcido sustentadas por columnas y basas de bronce (Éx.27:10) aunque las "varas conexivas" (V.M.) que unían las cortinas eran ... de plata.
Si en el arca vemos a Cristo y en las tablas a Su Iglesia, es casi imposible para la disciplinada mente del teólogo dispensacionalista dejar de ver en el "atrio" al pueblo de Israel.
El atrio del Tabernáculo constituye un símbolo de Israel y de su divina propuesta de salvación en donde "una justicia mayor que la de los escribas y fariseos" (Mt.5:20) es requerida para entrar al reino.
Dicha justicia se tipifica sin duda en el material de las cortinas (Ap.19:8) y su requerimiento por parte de Dios está simbolizado por el bronce de las columnas que las sostienen. Sin embargo, aún esta justicia personal ha de ser perfeccionada por la Obra redentora de Jesucristo. Así, ambas propuestas están expresadas extraordinariamente por la mezcla del bronce y la plata que unían las cortinas del atrio ( comp.He.12:23b).
Una vez identificado el aujlhvn del templo como el pueblo de Israel, es posible una comprensión completa de la porción textual que se ha planteado:

Entonces me fué dada una caña semejante a una
 vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide
 el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.
 Pero el atrio que está fuera del templo déjalo
 aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado
 a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa
 cuarenta y dos meses" Ap.11:1-2

La interpretación que se ofrece a continuación es relativamente sencilla por ser el resultado de una simple adjudicación de valores: "El templo y los que adoran en él" son los creyentes que conforman la Iglesia de Cristo. Ellos "fueron junto con el altar "medidos" (es decir protegidos divinamente); pero el "atrio" - que simboliza a la nación israelita- fué "dejado aparte, sin medir" por cuanto ha sido entregado a los gentiles holladores de Jerusalén (comp.Lc.21:24).
Una vez más, es revelado el destino de la Iglesia e Israel para el tiempo del fin. Aquella, "librada de la ira venidera" (1Ts.1:10) irá al encuentro de su Esposo (1Ts.4:16-17), éste, habrá de esperar a su Mesías glorioso. pasando necesariamente por "el tiempo de su angustia" (Jer.30:7; Mt.24:20-22).

Los dos testigos (11:3-12).
"... Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos
 dos olivos a la derecha del candelabro y a su  izquierda?
 Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan
 las dos ramas de olivo que por medio de dos
 tubos de oro vierten de sí aceite como oro?
 Y me respondió diciendo:  ¿No sabes qué es
 esto? Y dije: Señor mío, no.
 Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están
 delante del Señor de toda la tierra"
"... Y daré a mis dos testigos  que profeticen
 por mil doscientos sesenta días vestidos de
 cilicio. Estos testigos son los dos olivos,  y
 los dos candeleros que están en pie delante
 del Dios de la tierra"
                                 Zac.4:11-14; Ap.11:3-4

La identificación de los "dos testigos" descritos en APOCALIPSIS se mueve dentro dentro de las siguientes líneas interpretativas: (1) La mayoría de los expositores dispensacionalistas está de acuerdo en que uno de éstos testigos es el profeta Elías. Acerca de él está escrito tanto en el Antiguo como en el N.T. así:


"He aquí yo os envío al profeta Elías, antes que
 venga el día de Jehová, grande y terrible.
 Él hará volver el corazón de los hijos hacia
 los padres,  no sea que yo venga y hiera la
 tierra con maldición.
"Y le preguntaron, diciendo:  ¿Porqué dicen
 los escribas que es necesario que Elías venga primero?
 Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad
 vendrá primero,  y  restaurará todas  las
 cosas;  ¿y cómo está  escrito  del Hijo del
 Hombre que padezca mucho y sea tenido en 
 nada. Pero yo os digo  que  Elías ya vino,
 y le hicieron todo lo que quisieron,  como
 está escrito de él.
                                    Mal.4:5-6; Mr.9:11:13

Respecto a la confusión que pudiera crear la declaración de Jesús que Elías ya había venido en la persona de Juan el Bautista (Lc.1:17; Mt.17:13) es necesario aclarar que el Señor obviamente está tratando de establecer la verdad profética relacionada con Su doble manifestación y la de Sus precursores.
La aclaratoria " os digo que Elías ya vino" no abroga en manera alguna Su declaración inicial de que " Elías viene y restaurará todas las cosas". Es necesario que cada una de las dos manifestaciones de Cristo sea anunciada por un precursor. Juan el Bautista lo fué del Mesías sufriente, Elías lo será del Rey de reyes y Señor de señores.
(2) Respecto al segundo de los testigos, un grupo creciente de meritorios expositores han estado relacionando a Moisés con este personaje. Es posible que tal apreciación esté fundamentada en el hecho de que fué Moisés quien apareció juntamente con Elías en el momento de la transfiguración (Mt.17:3) de donde se concluye que debería ser aquel quien debe acompañar a éste durante el período de la tribulación.
Sin embargo, esta interpretación plantea algunas contradicciones escriturales que son, hasta donde el autor conoce, imposibles de conciliar. Ante la presunta identificación de Moisés como uno de los dos testigos descritos en APOCALIPSIS, en esta tesis se opone lo siguiente: Moisés murió. (Dt.32:49-50; 34:5), y este factor -la experiencia de la muerte- es determinante para identificar a los personajes. Los dos testigos han de ser muertos por el anti-cristo (Ap11:7), por lo tanto la elección de Moisés como uno de ellos lo pondría en la situación de morir dos veces, posición ésta evidentemente anti-escritural pues "está establecido que los hombres mueran una sóla vez, y después de esto el juicio" (He.9:27).
En esta base, no sólo se confirma la elección de Elías como uno de los testigos, sino que Enoc surge como la única e indiscutible opción para identificar al "olivo" restante, pues en primer lugar, lo que inspiradamente se halla escrito de él, se refiere precisamente a parousiva apocalíptica de Cristo (Jd.14-15), y en segundo término y más importante aún, si bien es cierto que Moisés no puede morir dos veces es igualmente bíblico que tanto Elías como Enoc tienen que morir para cumplimiento de la Palabra de Dios. Después de todo, ¿cuál es la gran relación que Elías guarda con Enoc sino que ninguno de los dos experimentó la muerte? y en consecuencia... ¿cuál es su dramático vínculo escatológico sino que ambos deben morir?  (Gn.5:24; He.11:5; 2R.2:1,11).

La nueva Jerusalén (21: 9 - 22: 5).
Durante el transcurso de esta obra, se han expuesto criterios un tanto  opuestos a la espiritualización de la Escritura para establecer las distintas doctrinas bíblicas, habiéndose afirmado que ello debería ser uno de los últimos recursos interpretativos del estudiante.
  No obstante, ahora, al llegar en esta última parte al estudio sobre la nueva Jerusalén, el autor pretende guiar con entusiasmo la interpretación espiritual que el vidente de Patmos tuvo de la celestial ciudad.
¿Porqué la consideración de un tipo? En primer lugar, porque la declaración del ángel respecto a "mostrar a la desposada, la esposa del Cordero" (v.9b) y la revelación que inmediatamente se produce de "la ciudad santa de Jerusalén" (v.10) establece un vínculo interpretativo lógico, y en segundo término por cuanto la posibilidad de definir  gramaticalmente tal porción llevaría implícito ver la nueva Jerusalén como una ciudad literal, lo cual plantea discrepancias difíciles de salvar, no tanto por la descripción arquitectónica de la ciudad (en todo caso Dios es poderoso para hacer lo que allí se describe y mucho más), sino en razón de algunos importantes detalles que envuelven la descripción de sus materiales y a cuyo efecto nos referiremos más adelante.
Comenzaremos pues por decir, que la actitud divina frente al empeño humano por construírle un templo donde El pueda habitar, se halla resumida en la autoritaria declaración "... el cielo es mi trono y la tierra estrado de mis pies"  que precede a la pregunta "¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?" (Is.66:1); que confirma la imposibilidad del hombre para llegar a construír un lugar en el cual el Dios vivo habite con agrado.
Sin embargo, por otra parte, la Escritura dá testimonio acerca del "despertar de un Hombre que habría de edificar la "Ciudad de Dios" (Is. 45:1-13) y obviamente el profeta Isaías no se está refiriendo aquí a ningún rey terreno. Es evidente que por el lenguaje mismo en que se halla expresada, esta porción abarca mucho más que una referencia a Ciro. Solo en esta base es posible aceptar la extraordinaria excepción escritural de un gentil tipificando a Cristo.
De igual manera, al hablar tocante al Pacto Davídico (2S.7:4-17; 1Cr. 17:4-15), la Escritura exhibe su verdadero propósito cuando el estudiante percibe, no a Salomón y aquel templo que erigió con sus manos, sino a Jesucristo como el edificador de la muy distinta yverdadera casa de Dios (comp. Hch.7:47-48).
La expresión "... cuando tus días sean cumplidos y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas... él edificará casa a mi nombre", infiere claramente que éste "uno" levantado por Dios ciertamente de la simiente de David (Mt.1:1) pero después de su muerte, no es otro que Jesucristo (Mt.1:1), quien como Constructor y Piedra viva de la "casa", ha venido colocando las otras "piedras vivas" (1P.2:4-5) a fin de edificar para Su Padre la "morada de Dios en el Espíritu"  (Ef.2:20-22).
De esta manera, Cristo se presenta, al mismo tiempo, como el Constructor y la Piedra angular de la Sión espiritual cuya imagen de ciudad celestial es utilizada en metáfora para describir la gloria y santidad de esta comunidad perfeccionada (comp.1Ti.3:15).
Ahora bien, además de los distintos planes que Dios pueda tener con la creación, los ángeles, los hombres y las naciones, bien sea para bendición o juicio, El tiene primeramente el plan de Jesucristo ( Jn.17:3 ) por medio del cual opera todas las cosas. Luego está el propósito que Dios tiene con la Iglesia - Su pueblo celestial - por la promesa hecha a Abraham respecto a las "estrellas del cielo en multitud" (Gn.15:5; He.11:12a); y en tercer lugar, según el pacto hecho al mismo patriarca en relación con "la arena que está a la orilla del mar" (Gn.22:17; He.11:12b), esto es Israel, Su pueblo terrenal.
Relacionados con estos tres propósitos, Juan describe a la ciudad celestial rodeada por un "muro grande y alto" (v.12a) los cuales juntamente con el templo (v. 22), conforman un trío que es característico en la Escritura y vital para comprender la intención del pasaje. Es importante entonces resaltar la estrecha vinculación que guarda en toda la profecía y tipología bíblica, no sólo los propósitos de Jesucristo y Su Iglesia, sino lo que estos mantienen con Israel, los cuales , repetimos, forman una tríada que es posible identificar en no menos de siete pasajes bíblicos que son:
1. Booz  -   Rut      -   Noemí           (Rut)
2. Rey   -  reina     -   vírgenes         (Sal.45)
3. Amado - esposa    -   pequeña hermana  (Cnt.)
4. Novio  - novia     -   invitados         (Mt.22)
5. Esposo -  esposa    -   vírgenes         (Mt.25)
6. Esposo -  esposa    -   amigo del esposo (Jn.3:29)
7. Cordero - esposa    -   llamados     (Ap. 19:7-9)

Continuando con esta relación tipológica se pueden dar mejores y más seguros pasos de interpretación en el pasaje que venimos tratando, cuando el estudiante nuevamente se percata de este Trio de gloria : Templo - ciudad - muro (Ap. 21:10-22) lo cual corresponde a Jesucristo - Iglesia - Israel respectivamente.
A fin de inferir con propiedad que el "muro alto y fuerte" es Israel es oportuno citar inicialmente el libro del Génesis donde profeticamente se declara que Israel tendrá hijos que se extenderán por el " muro" (49:22) y luego la aclaratoria definitiva que recibió el profeta Amós (7:7-8) por parte del mismo Constructor:

"Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro
 hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil.
 Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una
 plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí yo pongo
 plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo
 toleraré más".

Existe además una relación tipológica muy cercana entre el "tabernáculo de reunión" del A.T. y la "nueva Jerusalén" del N.T. (comp. Ap. 21:2-3), de manera tal que todas las interpretaciones que se derivan de aquel son posibles de aplicar a ésta. Por ejemplo, la "plomada" con la cual Dios construye el "muro" guarda un nexo extraordinario con las columnas y bases de bronce que sostenían las cortinas del atrio del tabernáculo (Ex.27:9-15) ambos símbolo del requerimiento divino de "una justicia mayor que la de los escribas y fariseos" para entrar en el Reino glorioso (Mt.5:20).
Como un minero que haya la veta, el estudiante de la Biblia hallará una preciosa senda de interpretación si detiene su atención y compara detallada y exhaustivamente la tipología registrada en Exodo  25-27 con Apocalipsis capt. 21-22:1-5 y He.12:22-24. Y para abundar en el tema Cantares 8:8-9 arroja ilumina particularmente lo que se viene tratando.

 "Tenemos una hermana pequeña, que aún no tiene  pechos ;
 ¿Qué haremos con nuestra hermana en el día en
 que haya de ser pedida?
 Si ella fuere muro, edificaremos sobre el tal una
torrecilla de plata; si fuere puerta,
la guarneceremos con tablas de cedro" (V.M.).

No obstante la terminología condicional utilizada en en esta porción de Cantares, ésta se habrá de tornar conclusiva en APOCALIPSIS. Es decir, Israel será  hecho muro y puerta; sobre aquel ciertamente se edificará una "torrecilla de salvación"  (comp.Ex.30:12-16; Is.60:18; Ro.11:25-27); y por medio de aquella,  entrarán las naciones en alabanza a  Dios  (Is.60:18b; Zac.8:23).
Respecto a la interpretación de la expresión no tiene pechos es útil insertar a esta altura la luminosa declaración de C.I. Scofield acerca de la etimología de El Shadai:

El significado etimológico del título Dios Todopoderoso (El Shadai) es tan interesante como conmovedor. Dios (El) significa "el que es fuerte o poderoso". El calificativo Shadai se compone de la palabra hebrea "shad" el pecho, que en las Escrituras se usa de manera invariable con referencia al pecho femenino; por ej. Gn.49:25; Job 3:12; Sal.22:9; Cnt.1:13; 4:5; 7:3, 7, 8; 8:1, 8, 10; Is. 28:9; Ez.16:7. Por lo tanto, el significado primario de Shadai es "el pecho". Dios es Shadai porque El es el que nutre y da poder, y de este modo El es también, en un sentido secundario, el que satisface y se derrama a Sí mismo en la vida de los creyentes. El niño impaciente e insatisfecho encuentra no solamente alimento y fortaleza sino también quietud, satisfacción y descanso en el pecho de su madre; así El Shadai es el nombre que presenta a Dios como el Sustentador y Fortalecedor de su pueblo...
El Dios Omnipotente (El Shadai) no solamente enriquece sino también hace que el creyente sea fructífero. En ninguna otra parte se ilustra mejor esta verdad que en el pasaje donde este nombre ocurre por vez primera (Gn.17:1-8). A un hombre que tenía noventa y nueve años de edad y quien estaba "ya casi muerto" (He.11:12, V.R.), el Señor le dijo: "Yo soy el Dios Todopoderoso (El Shadai)... yo te multiplicaré en gran manera". Con este mismo significado se usa el nombre El Shadai en Gn.28:3,4.
Como el Dador de la capacidad de llevar fruto, el Dios Todopoderoso (El Shadai) castiga a su pueblo... De ahí que el Todopoderoso o el Omnipotente sea el nombre característico de Dios en el libro de Job, donde ocurre treinta y una veces. La mano de El Shadai cae sobre Job, quien era el mejor hombre de su tiempo, no para juicio, sino para purificarle y hacerle más fructífero (Job 5:17-25).

Ahora bien, "shad "  también expresa la idea respecto a la capacidad del creyente para dar consolación por el consuelo recibido por parte de Dios. De manera que, si bien la "hermana pequeña" aún no tiene pechos (y la interpretación a esto es que Israel, como nación, habiendo pasado en la deportación babilónica el tiempo de "la verguenza de su juventud" (Is.54:4; Hch.7:43), ahora, desde su rechazo a Jesucristo, su "casa ha sido dejada desierta" (Mt.23:38-39) y  hasta hoy se encuentra viviendo en "la afrenta de su viudéz" (Is.54:4); pero la nación será al fin "recogida con grandes misericordias" (Is.54:7)...) entonces tendrá pechos,  para "saciar de consuelo a todos sus hijos" (Is.66:11). Mientras tanto, y en contraposición con Israel, la Iglesia "tiene pechos como torres desde que fué en sus ojos como la que halla paz" (Cnt.8:10); en clara significación de que ha recibido de Dios -y en consecuencia tiene para dar- abundante consolación desde que recibió la gracia  de su Esposo (comp. 2Co.1:3-7).

También la descripción de Israel como "muro" es rica en detalles que iluminan el Texto apocalíptico como si se tratara de una compleja central de computadoras, donde concurren miles de terminales que al ser apropiadamente conectados, dan lugar al resplandor de la luz gloriosa del propósito divino.
Comenzaremos por  puntualizar que las siete  delineaciones (puertas; ángeles; tribus; cimientos; apóstoles; piedras preciosas; perlas) en sus doce efectos sugieren la perfección -7- de Israel -12- manteniendo al mismo tiempo una  coordinación entre el muro y los cimientos. Lo explicamos: Las puertas del muro se hallan relacionadas con los ángeles, los nombres de las tribus de Israel (v.12) y las perlas (v.21a); en tanto que los cimientos están en concomitancia con los nombres de los apóstoles (v.14) y con las piedras preciosas (v.19-20).
La interpretación para esto es tanto hermosa como edificante. La primera delineación del "muro" son sus doce puertas . Como se ha citado anteriormente, las puertas establecen una conexión tipológica con el ministerio sacerdotal de Israel. Así como por las puertas se entra a la ciudad y al Templo, el tipo se esfuerza por expresar la vocación de esta porción del pueblo israelita (Ap.1:6; 5:10; 20:6; 22:3b-4) quien intercederá por, y llevará con alabanza a, "las naciones que hubieren sido salvas" delante de Dios (Is.60:18 > Zac.8:23 > 14:16-21) . Israel será entonces llamado "Ciudad Deseada" y "Ciudad de Jehová" (Is.62:12; 60:14).
APOCALIPSIS describe a continuación a los doce ángeles que se encuentran en las puertas. A esta altura es oportuno insertar el enfoque ilativo que con la visión apocalíptica mantiene la Epístola a los Hebreos cuando se "acerca a la ciudad del Dios vivo... y a la compañía de muchos millares de ángeles" (12:22-24).

El tamaño del "muro" (144 codos) así como la expresión de que sus medidas son de "hombre" y de "ángel" (v.17) sirven para expresar, primeramente la excelsa posición que la nación israelita alcanzará durante la regeneración; pues así como los "siete" "doce" sugieren la perfección de Israel, los "ciento cuarenta y cuatro codos" (122) expresan la plenitud del poder de Israel ; y en segundo término explica que, no obstante que los ángeles mantuvieron una posición de primacía sobre Israel en el A.T., la declaración de APOCALIPSIS respecto a que las "medidas" del muro son tanto de hombre como de ángel, parece concordar con la relación de "consiervos" que ellos mantendrán en el futuro con el pueblo terrenal de Dios (comp. Ap.19:10; 22:9-10; Mt.22.29-30). Así, la expresión "en las puertas, doce ángeles" (v.12a)  fortalece la inferencia de la igualdad que existirá entre estos seres supernaturales e Israel.

En cada una de las puertas y junto con los doce ángeles. APOCALIPSIS reseña los nombres de las doce tribus de Israel , detalle descriptivo que sirve para reafirmar la propuesta interpretativa de que el "muro" es Israel.
Finalmente se nos dice que las puertas son doce perlas, indicando por tipo una obra terminada, no por un acto de creación instantáneo sino por un proceso de crecimiento vital, realizado por medio de un Ser vivo, hasta llegar a formar una unidad perfecta y preciosa.18 (comp. Is.46.3-4; He.1.1-2; Dt.30; etc.).
La descripción continúa con los doce cimientos del muro los cuales son adornados por doce piedras preciosas. Estos santos atavíos que se notan en los cimientos del muro de la Ciudad Celestial son expresión metafórica de las virtudes, tanto divinas como aquellas humanas que Dios logra que resplandezcan en los hombres que El ha elegido.
Indirectamente, para los santos de la ekklesiva, la gradación de los doce cimientos del muro y sus adornos también llegan a conjugar un simbolismo maravilloso con sus experiencias espirituales.
Por ejemplo, al tiempo que APOCALIPSIS refiere que los qemevlioi (cimientos) del muro de la ciudad están adornados de toda livqw timivw  (piedra preciosa), Pablo, al instruír a los hermanos de Corintio que los santos son el " templo de Dios" (3:16), les exhorta a construír sobre el qemevlion que es Jesucristo, oro, plata y ... livqou¾ timivou¾  (VOG3:12) .
En su referencia directa a Israel, las bases del muro de la ciudad se hallan adornadas con las esenciales virtudes de su Constructor como son la verdad (Zac.8:3) y sabiduría (Job 28:18b); justicia (Is.54:14 ) y juicio (Sal.97:2b). Reflejo perfecto de Su fidelidad (Is.1:26b), misericordia (Zac.1:16) y santidad (Is.52:1) para paz (Sal.122) y gozo (Is.60:15), consuelo (Is.66:10-11) y alabanza (Is.60:18) de su pueblo, por la salvación (Is.26:1) recibida.
En último término el comentario se dirige a la referencia de los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero los cuales se hallan inscritos sobre los cimientos, y debajo del muro, como tipo del cumplimiento de dos profecías que se encuentran en ambos Pactos:

"Restauraré tus jueces como al principio,
 y tus consejeros como eran antes; entonces
 te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel."  Is.1:26
 "Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración,
 cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria,
vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre  doce
 tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel" Mt.19:28

De esta forma, es posible ver a los "doce apóstoles del Cordero" como los jueces restaurados de la regeneración, y este es el motivo por el cual sus nombres se hallan inscritos entre los cimientos -Dios- y el muro - Israel-.

Ahora, finalmente hemos llegado ante la Ciudad Deseada (Is.62:12), la ciudad buscada por Abraham, Isaac y Jacob, que tiene fundamentos y cuyo arquitecto y constructor es el mismo Dios (He.11:9-10). Esta ciudad celeste es "la señora elegida" (2Jn.1a, 13; 1P.5:13) que desciende del cielo de Dios "ataviada como una esposa para su marido" no otra que aquel "verdadero Tabernáculo de Dios" (He.8:2) cuyo modelo le fué mostrado a Moisés (Ex.25:40; 26:30) y que ahora, en nuevos cielo y tierra se encuentra con los hombres (Ap.21:2-3).
Usando la metáfora, se afirma que el material de la ciudad es de "oro puro", y que esto es figurado es evidente ya que dificilmente Dios podría llegar a construír una ciudad eterna con un material perecedero. ( Se refiere aquí la mención que hace el Apostol Pedro respecto al oro 1P.1:7). Esto puede parecer débil para sostener la espiritualización total del texto, pero en este caso la perspicuidad de la Biblia otorga al estudiante un indicio para sacar provechosas conclusiones.
Además, el metal precioso descrito como material de la Santa Ciudad observa una rara cualidad que el oro común no posee. El es "transparente como el cristal " (21:11b; 18b) y nuevamente aquí la alegoría es utilizada, a fin de mostrar la virtud más apreciada por Dios: la fe (He.11:6). Se trata de una construcción realizada con algo "mucho más precioso que el oro" (1P.1:7). Es una "ciudad" construída enteramente por la fe, por el Autor y Consumador de la fe (He.12:2); teniendo por piedra angular a su Constructor mismo, sobre la cual sobreedificaron los Apóstoles y Profetas y que ahora refleja el fulgor de las obras de Sus santos, quienes, por amarle sin haberle visto  (1P.1:8), sufrieron "por amor de Su Nombre" (3Jn.7a).

La forma de la Ciudad es cúbica pues se "halla establecida en cuadro" y "su longitud, altura y anchura son iguales" (21:16). La explicación para este tipo es al mismo tiempo sencilla y hermosa. En el Antiguo Pacto, Dios dió la Ley por "medio de ángeles en manos de un mediador" (Gá.3:19); y si imaginamos un cuerpo geométrico para aplicar a esta declaración, este sería piramidal por cuanto la ley fué dada a todo el pueblo (su base) por medio de un mediador (su vértice).
En la presente dispensación en cambio, la figura geométrica que representa a la Iglesia es distinta. Su forma perfectamente cúbica y sus lados exactamente iguales parecen haber sido delineados con la verdad de que los creyentes "todos son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús" (Gá.3:25-28). Así, "siendo ellos muchos, son un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros" (Ro.12:5) desde que "fueron bautizados por un sólo Espíritu en un cuerpo " (1Co.12:13a) para que "siguiendo la verdad en amor... todos puedan llegar a la unidad de la fe" (Ef.4:15a, 13a).
Finalmente, APOCALIPSIS muestra las medidas de la ciudad. En primer lugar, es importante notar que éstas no son medidas ni de hombre ni de ángel. A fin de expresar su diferencia con el muro. se utiliza aquí la más grande unidad de medida: el estadio , y sus dimensiones son impresionantes -no interpretándolas gramaticalmente- (aprox.2.600 Kms.por cada lado) sino en virtud de la diferencia que se puede observar entre las medidas del muro y la ciudad. Si éstas se convierten a "codos" tendremos que, aunque el "muro es grande y alto" (v.12a), sus "ciento cuarenta y cuatro codos" tienen una relación infinitamente pequeña en proporción con las de la ciudad, la cual mide... cuatro millones ochocientos mil codos por cada uno de sus lados!
Pero, ¿en qué consiste realmente este diferencial geométrico en su aplicación espiritual?
Creemos que tal numerología es alegórica y pretende expresar el supremo (Fil.3:14) llamamiento que han tenido los santos de la Iglesia de Dios en Cristo Jesús en comparación con otros propósitos divinos, ya que si uno divide estas dos medidas a fin de establecer una justa proporción entre el muro y la ciudad, hallará, no sólo que la ciudad es... treinta y tres mil  trescientas treinta y tres veces mayor, sino que su fracción resultante es periódica. Es decir,... infinita.
Con la perfección que lo caracteriza, Jesucristo ha construído así la ciudad del Señor Dios Todopoderoso. Ahora, en medio de ella, El es su Templo, su Luz y su Lumbrera y las naciones andarán a la luz de ella.
Como "Hijo del Hombre" edificó a Israel en forma de "aplomado muro" perfeccionando por Su sangre los espíritus de aquellos justos que lo componen. Como el Hijo del Dios viviente, se santificó a Sí mismo para santificar a " los miembros de Su cuerpo, de Su carne y de Sus huesos" y por Su sangre rociada poder dar a luz el gran misterio de Su costado abierto: la Iglesia y Congregación de Primogénitos (He.12:22:24; Jn.17:19; Ef.5:30-32) del Dios viviente, se santificó a Sí mismo para santificar a "los miembros de Su cuerpo, de Su carne y de Sus huesos" y por medio de Su sangre rociada dió a luz el gran misterio de Su costado abierto: la Iglesia y Congregación de los Primogénitos (He.12.22,24; Jn.17.19; Ef.5.30-32).

Epílogo.
No obstante el abundante testimonio escritural presentado a favor del propósito doctrinal de esta obra, resta aun por clarificar, finalmente, un argumento que, en el momento de su planteamiento, pudiera ser capaz de producir alguna incertidumbre en el corazón del creyente.
El punto, que fue omitido ex profeso en la parte dedicada a la eclesiología, tiene que ver con la realidad histórica del envío del mensaje apocalíptico a las comunidades cristianas que a la sazón se encontraban establecidas en Anatolia , y se presenta en este capítulo por la íntima relación que mantiene con la tipología bíblica.
Si, como se ha afirmado en esta tesis, el mensaje de APOCALIPSIS es dirigido al pueblo de Israel ¿por qué enviarlo entonces a iglesias cristianas? Si su propósito es para un tiempo posterior al arrebatamiento de la Iglesia ¿por qué incluírlo dentro del contexto neo-testamentario que se dirige a los santificados en Cristo?...
Un buen comienzo para comprender todo lo que envuelve este conflictivo argumento, consiste en reconocer inicialmente la voluntad de Dios para la Iglesia de Cristo como depositaria  - y no destinataria - del mensaje de APOCALIPSIS.
La Santa Biblia, con la insustituíble belleza de sus tipos, anticipa esta verdad para que "por la fe entendamos" el propósito divino respecto a la Iglesia e Israel.
Habiendo procedido con la suficiente cautela como para no caer en especulaciones o espiritualizaciones arbitrarias, se resaltarán a continuación un par de narrativas bíblicas capaces de proveer una edificante enseñanza espiritual para "el hombre interior" al mostrar una importante fase del propósito divino en el ministerio de la Iglesia durante el tiempo inmediatamente posterior de su arrebatamiento.
La revelación bíblica hace inobjetables las conclusiones que surgen respecto a este específico propósito que la Iglesia -como receptora del Nuevo Testamento- cumplirá con los judíos después de su partida al cielo.
El análisis comparativo se presenta una vez más dentro de un estilo condensado, no sin antes advertir acerca de las dificultades que plantea la interpretación del texto bíblico cuando se trata de establecer la conjugación cronológica de tipos y anti-tipos, concepto éste que el estudiante bíblico debe analizar con detenimiento para así poder allanar la senda interpretativa que le permita perfeccionar la idea propuesta.
De los ejemplos que se citan, el libro de RUT es el primero. Especial énfasis se hace sobre el hecho de que las experiencias de sus personajes muestran ciertos propósitos que trascienden a los simples acontecimientos históricos, y sugieren algo que va más allá del tiempo -y aún del espacio- en que transcurrió esta corta narrativa del período de los Jueces.
Comenzando la lectura atentamente, y con la ayuda del Espíritu Santo, el creyente puede percibir así a Cristo en Booz, "el pariente redentor"; igualmente, es posible ver a Rut como un tipo de la Iglesia, en dos formas distintas: (a) como el pueblo gentil escogido por Dios para un llamamiento celestial y (b) como la destinataria y receptora del Nuevo Testamento, en tanto que Noemí es vista como el tipo de Israel, también en dos formas distintas, a saber, (a ) como el pueblo escogido por Dios para un llamamiento terrenal y (b ) como la nación a la cual le "ha sido confiada la Palabra de Dios" (Ro. 3.2), esto es, el Antiguo Testamento.
Al seguir la aplicación de éstos y otros tipos que concurren en la historia de Rut, su exposición textual se tornará hermosa, conmovedora y ... apasionante!
 (a ) La primera parte del Libro (1.1-21) describe las experiencias de sus personajes, y con la magistral fuerza de su brevedad logra transmitir en la sensibilidad del lector cristiano, toda la tristeza producida por la desolación y el hambre, la desgracia y la muerte como sabia ilustración de las verdades que atañen a todo ser humano al hallarse alejado de "Bet-lehem" ( la casa del pan y alabanza), cuya etimología de éste y otros nombres del Libro son propuestos por el texto mismo para su interpretación (1.19b-21).
Los nombres de los seis personajes del primer capítulo conjugan tipologicamente las dos líneas de la verdad en la cual se hallan frente a Dios tanto judíos como gentiles. La primera de ellas exhibe, en los apelativos de los hijos de Elimelec, la terrible y triste "enfermedad" (Mahalón) del hombre frente a su Creador a causa del pecado, y su "desfallecimiento" (Quelión) por hallarse sujeto al temor a la muerte (He.2.15).
(b) En la segunda parte, los versículos 16 y 17 muestran cómo la "elección según la presciencia de Dios" (1P.1.2) mueve la decisión de Rut, para que ésta llegue al conocimiento del Dios de Noemí -que significa "placentera"- (comp. Ef.2.11-16) en un claro símbolo de la reconciliación que los gentiles han recibido (Rut significa "amistad" y "hermosura"); en tanto que Orfa (significa "sierva") se habrá de quedar en la desolación de Moab (tipo del mundo). Esta dualidad pretende adelantar así el Gólgota con sus cruces y su dramático destino: el de los dos ladrones. La encrucijada del hombre: su respuesta a la propuesta de Dios.
(c) 2.5-6 Presentan débilmente un tipo del Espíritu Santo. Lo aclaramos de inmediato: la Santa Biblia establece un curso para el conocimiento del creyente hacia la Deidad. Es la Tercera Persona de la bendita Trinidad Quien conoce y a Quien conocen primeramente aquellos que forman el Cuerpo de la Segunda (ver p.56). Esta es una verdad experimental del creyente, quien, habiendo conocido hoy al Espíritu Santo, espera el día en que conocerá al Hijo, su Cabeza, Esposo y Salvador.
(d ) 2.10,12s.s. : La gracia de Dios para el hombre es expresada en estos versículos (comp. Ef.2.1-10).
(e ) 2.20: Con la expresión "Nuestro pariente es aquel varón , y uno (¿?) de los que pueden redimirnos", el texto comienza a perfilar -aunque muy oscuramente- el asunto de ese "otro pariente más cercano" (3.12) que presenta características tipológicas un tanto duras de aceptar en su aplicación. No obstante, la razón siempre deberá estar sujeta a la revelación, que en este caso, por medio de la tipología bíblica, presenta una verdad terrible y cruda que, aunque dibujada con trazos débiles, no deja de ser menos verdadera que la verdad misma.
El "pariente más cercano" que el hombre tiene es, ni mas ni menos que el mismo Satanás (Ef.2.2-3). El es anti-tipo del tal "fulano" (4.1s.s.) quien sí quería poseer la "propiedad" de Noemí (símbolo de los reinos del mundo) pero sin el costo de restaurar el nombre del "muerto", Adán (cabeza federal de la raza humana caída), pues ello le acarrearía abrir la cárcel a sus presos (Is.14.17), dañando así su heredad (comp. Mt.12.25-26).
 Estos acontecimientos tipifican su anti-tipo celestial. Satanás es quien tenía "el imperio de la muerte" (He.2.14b) y "a sus presos nunca abrió la cárcel" para no "dañar su heredad". Por tanto, así como el "fulano" de la narrativa de Rut, el diablo quedará sin nombre, "espanto será, y para siempre dejará de ser" (Ez.28.19). ¡Una buena razón para la ausencia del nombre de ese "pariente más cercano"!
Pero en cambio, vemos cómo la Escritura testifica que fue Booz -y no Mahalón- quien "engendró de Rut a Obed" (Mt.1.5b). Así Booz, por su bondad y generosidad restauró el nombre del muerto, pero Dios no le hizo perder la dignidad de su propio nombre.
Una analógia enternecedora y suprema la establece nuestro maravilloso Redentor quien "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Fil.2.6) para redimir a Su "Rut", restaurando el nombre del difunto sobre su heredad para "que el nombre del muerto no se borre entre sus hermanos" ( esto es: hay un hombre en el cielo, 1Ti.2.5), "por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le dió un nombre que es sobre todo nombre " (Fil.2.9-11).
(f ) 3.1-4 : Ahora, las palabras de Noemí comienzan  a tipificar a la Palabra de Dios. Ella instruye a Rut acerca del "pariente" redentor con palabras un tanto enigmáticas.
Rut no podría darse a conocer hasta tanto Booz no hubiese acabado de "comer y beber" . Tan extraño mandato guarda una relación directa con la verdad de que Cristo, durante su ministerio terrenal, fue "enviado primeramente a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt.15.24). Luego que "el Grano de trigo cayese en tierra y muriese" entonces podría "recibir a los griegos" (Jn.12.26) O en palabras más directas, los gentiles no podrían "ver" a Jesús hasta que El hubiese muerto y resucitado (Hch.10).

(g ) La forma de la muerte de Cristo Jesús está tipificada en Booz por la acción de comer y beber (comp. Jn.4.31-34 y 18.11) Este acto debe ser cuidadosamente separado y distinguido del "dormir" de Booz (lo cual sí representa la muerte de Cristo), pero el "comer y beber" habla especificamente de "hacerse pecado", sufrir el maldito "oprobio de la cruz" o llegar a hacerse "maldición" por las culpas del hombre. Tal es la comida que los discípulos de Jesús no sabían. Tal es la bebida que en Getsemaní, rogó que, de ser posible, pasase.
Hasta aquí, la cronología tipológica ha sido presentada desde la visual del "anticipado conocimiento de Dios" hasta el momento en que el péndulo divino entra en los aijw'na" para centrarse en el "cumplimiento de los tiempos" o sea, la muerte de Cristo en la cruz. De aquí en adelante se establecerán los anti-tipos tal como son conocidos en el desarrollo del plan divino de la salvación.
(a ) v.4 : Rut debía notar el lugar en donde Booz habíase acostado y descubrir así sus pies, lo cual, aparte de su significación histórica y tradicional, expresa una hermosa relación del creyente con los dos pilares de su salvación : (a) El lugar: la cruz ; y (b) El descubrimiento de los pies: el conocimiento del evangelio.
(b ) v.5 La obediencia de Rut es tipo de la verdad declarada por Pablo en Ro.1.5; 15.18; y 2Co.9.13 y 10.5.
(c ) v.7 : El contentamiento de Booz luego de "haber comido y bebido" expresan en forma patética y enternecedora el sentir de Jesucristo, "el cual por el gozo puesto delante de él, sufrió la cruz menospreciando el oprobio..." (He. 12.2).
(d ) Booz "se retiró a dormir al lado del montón" (de la cebada). Aquí el tipo debe ser visto conjuntamente con el modelo que registra Gn.2.21-22. El "sueño profundo" de Adán, tipifica la muerte de Cristo. Su costado abierto, expresa el derramamiento de la sangre por medio del cual fue posible el nacimiento de la Iglesia. La "costilla" que salió de Adán es símbolo de los miembros que salieron de  la carne y de los huesos del postrer Adán (Ef.5.29-32). De manera que, así como Adán, cuando despertó de su "sueño profundo" se encontró con su compañera, es posible establecer un comparativo con Cristo y su "despertar" que, como nos explica el libro de Rut, "a la media noche se estremeció aquel hombre y ¡he aquí! ... una mujer estaba acostada a sus pies!
(e ) Los versículos 12 y 13 no pueden establecerse dentro de un órdencronológico . No obstante, las palabras finales del v.13 "Descansa, pues, hasta la mañana" parecen tener relación con el actual período de la dispensación de Gracia.
(f ) v.14:  ¡Rut se levanta! . Esto manifiesta el arrebatamiento de la Iglesia, que parte de esta tierra al cielo "en un abrir y cerrar de ojos" (1Co.15.52) o sea, "antes que los hombres puedan reconocerse unos a otros; porque  el dijo: No se sepa que vino mujer a la era" (comp. Mt.13.44; Jn.14.1722-23; Col.3.3).
(g ) Ahora bien, los v.15-17 tocan el punto principal de lo que venimos tratando, y es el alimento que Booz da a Rut para Noemí. He aquí tipificado el ministerio la Iglesia cumplirá en los días posteriores a su arrebatamiento. Que este ministerio sea el legado del Nuevo Testamento al pueblo de Israel que, como veremos más adelante, describe "la belleza de Cristo"; o si se trate de algo que quizás personalmente la Iglesia tendrá que hacer a favor de Israel es improbable precisar con exactitud para quien escribe. Quizá el trazo de Mt.10.23 > Ap. 7.2-8 pueda arrojar alguna luz respecto a quienes serán los que finalicen la predicación del Evangelio del Reino.
De esta forma, las "seis medidas de cebada" que Booz entrega a Rut para su suegra Noemí pueden muy bien estar relacionadas con las "doce cestas del pan de cebada " que sobraron de la primera multiplicación de los panes, las cuales "fueron meticulosamente recogidas por órden del Señor a fin de que "no se perdiera nada" (Jn.6.12-13) Este acontecimiento, unido con el de las siete canastas que sobraron por efecto del milagro posterior (Mr.8.8) pudiera expresar que Israel -12- tiene aún un alimento que recibir de Dios -7-.
Y por así decirlo, una de esas cestas sobrantes muy bien podría ser APOCALIPSIS. De esta forma, es posible ver en la Iglesia de Cristo el ministerio como depositaria de un mensaje que, luego de guardar por "setecientos mil días" (¿?), lo entregue a sus destinatarios israelitas. Después de todo... ¿No guardó también Israel para la Iglesia una gran parte del Divino Mensaje?
Desde este último punto, el Cantar de los Cantares, amplifica escrituralmente la posible forma  en que se llevará a efecto la entrega de esos "panes de cebada".
Los ejemplos que se citan del Libro de Cantares son solamente aquellos indispensables como para terminar de clarificar el punto que nos ocupa en esta parte final del tema. Sería casi imposible aquí, de hacer un estudio avanzado, concienzudo y extenso de este dificilísimo texto bíblico, sin el peligro de debilitar el propósito en el paréntesis.
Basta decir que para la mente regenerada es posible identificar con certeza en el texto de Cantares los anti-tipos de los personajes que sostienen el poético diálogo. Un poco más dificil quizá sea establecer a cuál de los personajes pertenece cada porción respectiva.
En este caso, se cree como sigue:
EL SEÑOR JESUCRISTO: 1.1, 9-11, 15, 17, 2.2, 10b-15, 4.1-16a, 5.1, 2b, 6.4-9, 11-12, 8.5b-7, 9.
LA IGLESIA: 1.2-7, 12-14, 16, 2.1, 3-10a, 16-3.5, 7-11, 4.16b, 5.2a, 3-8, 10-16, 6.2-3, 13b, 7.10-8.4, 8, 10-14.
ISRAEL: 1.8, 3.6, 5.9, 6.1, 10, 13a, 13c-7.9, 8.5.

La cronología tipológica sería mas o menos así: (a ) Los versículos iniciales de CANTARES (1.2-4) como una expresión del deseo sub-conciente de la Iglesia gentil (1.5-6) por alcanzar el conocimiento de la salvación. La Esposa anhela saber dónde está Aquel que ama su alma (1.7a).
Esto tiene una comparación cuádruple en la Escritura. A saber: (a) La declaración de Adán en Gn.3.20 al llamar a su mujer "Eva" luego de oír la divina declaración del "proto-evangelio" (Gn.3.15). En Adán se operó una experiencia inversa a la que el creyente experimenta en el nuevo nacimiento (Tit.3.5b), y estando él en esa triste y terrible condición, expresó su fe al nombrar a su compañera "madre de todos los vivientes" como un clamor de esperanza por volver a su estado anterior de vida; (b ) en el reclamo divino de las entrañas de los animales del sacrificio. Dios no requería ni el corazón ni el cerebro de ellos, sino sus entrañas (riñones y su grosura) anticipando en tipos el requerimiento divino. Esto es, no sus intenciones engañosas o sus pensamientos vanos, sino aquella parte instintiva que, más allá de la conciencia, se sabe responsable directa de su propia caída (Ro.5.12).
CANTARES 1.2-4 expresa el deseo ignoto por alcanzar la vida eterna en los "besos de Dios" para ser, más que "alma viviente" (Gn.2.7), un "espíritu vivificante" (Jn.20.22; 1Co.15.45). Este remoto deseo del sub-conciente, se expresa igualmente en (c ) la decisión anticipada de Rut para seguir a Noemí ("tu Dios será mi Dios); y finalmente (d ) en las palabras del Apóstol cuando afirma que habiendo hecho Dios el linaje de los hombres de una sangre , deberán buscarle palpando (Hch.17.26-27).
1.7b expresa el deseo cumplido de la Iglesia. Ella no quiere permanecer como una que está velada (comp. 2Co.3.12-16).
En la respuesta del versículo 8, Israel, como depositario de la Palabra de Dios (Ro.3.2) muestra a la esposa el camino en el cual hallará al "Pastor". Su paralelo está expresado en Rut 1.18-19a.
(b ) El anticipado propósito de Jesucristo para realizar Su obra en la cruz está registrado en 4.6 y halla similitud en el Salmo 40.6-8 y Hebreos 13.20.
(c ) El Poema registra la consumación de la Obra de la cruz en 5.1. Al igual que en Rut, nuevamente aquí el texto bíblico expresa  en forma maravillosa la "comida y la "bebida"  que tuvo que apurar el Cristo de Dios.
El "regoger la mirra y sus aromas" habla del intenso sufrimiento de Jesús al hacerse pecado y maldición en la cruz. Estas palabras refieren directamente Getsemaní y el "sudor de Sus gruesas gotas de sangre"
El "comer el panal con su miel", y el beber "el vino y la leche", son el cumplimiento de la voluntad que el Padre había encomendado a su Unigénito (Jn.431-34; 18.11).
(d ) Los beneficios de la Obra consumada de Jesucristo se hallan registrados en la parte final de 5.1:¡ Comed, amigos; bebed, sí, bebed en abundancia, oh bien amados! De la roca de la eternidad, abierta por amor de Su Iglesia, surge incontenible el verdadero Maná y fluye abundante el Agua que quita para siempre la sed! Si se considera la traducción literal de 5.4: "Mi amado envió Su mano desde la apertura, y mis entrañas se conmovieron por El"  es posible intuir allí Pentecostés.
(e ) El registro de 5.5.-7 muestra el presente período de gracia. Los sufrimientos de la Iglesia por la separación del Esposo y sus tribulaciones en el mundo (Hch.14.22b).

(f ) Es extremadamente dificil establecer el momento del arrebatamiento de la Iglesia en el texto de CANTARES. Si ello está en 6.2b, entonces la cronología de los acontecimientos indicaría que la Iglesia  deberá dar en en el mundo dará testimonio efectivo a Israel antes de su partida (5.8).
(g ) En el registro de CANTARES 5.9 es posible observar que Israel, aunque reconoce la hermosura de la "mujer", no alcanza a percibir las virtudes de su "Amado", las cuales son maravillosamente expresadas por la Iglesia en siete párrafos y doce descripciones (5.10-16).
Bien que ésto sea por medio de un testimonio personal de los creyentes al pueblo de Israel, o por el legado que le harán del Nuevo Testamento después de su partida al cielo, es dificil de establecer. Pero lo que interesa ahora es el hecho de que el testimonio de la Iglesia produce un cambio de actitud en las "docellas", quienes no sabiendo "qué es el Amado más que otro amado" , ahora, luego de haber oído la descripción hecha por la esposa, deciden incorporarse a su búsqueda (6.1).
Si con la respuesta de 6.2 "Mi amado ha descendido a su jardín, ... para recoger los lirios " se infiere el arrebatamiento de la Iglesia, entonces 6.13 tiene un gran significado ya que es presumible que Israel notará en la partida de la Iglesia al cielo una obra de su Dios.
De allí en adelante, desde 7.1 a 7.9 es posible ver a Israel como entendiendo el Nuevo Testamento al reconocer las riquezas de su Texto (El estudiante bíblico debe notar que esta porción de la Escritura hace especial énfasis en los alimentos que tiene la esposa. La adjudicación de tipos es más o menos así: vino = alegría , trigo rodeado de lirios = Israel alimentándose [comp.Os.14.5 donde Israel es también lirio] ; leche = nutrimento ; uvas = fruto espiritual; aliento de manzanas = la Palabra de Cristo [comp.2.3 > 7.8b > Col.3.16] ).
Así, el enigmático Poema que en su inicio describe la posición de los "compañeros" del Esposo (1.7b), habrá de producir en "las doncellas de Jerusalén" la viva expresión ¡Cuán hermosos son tus pies en las sandalias! (comp.Is.52.7 > Ro.10.15 > Ef.6.15) y transformará su condición de "veladas" en la de "compañeros que escuchan Su voz" (8.13).
 ¡Ahora Israel se encuentra preparado para oír la Voz !

"Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas porque... el tiempo está cerca".

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